miércoles, 22 de diciembre de 2021

Un propósito y un sacrificio

Después de todo este tiempo

del daño,

de la oscuridad,

de apenas levantarse para volver a caer.


Siempre estuvo ahí la respuesta.

Lo que hacía falta era

un propósito.


Algo por lo que merezca la pena morir.

Una última batalla en la que caer.


Flores en el agua, a la deriva, que perseguir.


Un propósito porque no podemos salvarnos todos.

La noche exige un sacrificio.


Y recuerdo el dolor de quedar atrás.

Así que encuentro mi propósito

me convierto en sacrificio.


Volverá a salir el sol para todos los demás.

Y yo podré descansar

con la cabeza entre dos palabras.

lunes, 20 de diciembre de 2021

preludio y final

Diciembre, el mes del umbral

del sol moribundo

y esa luna inmensa y ámbar.


El frío de diciembre no es más que un preludio.

Una puerta que se abre y una sala que queda atrás:

vacía y oscura.


No tengo palabras ni futuro.

Ni promesas de primavera.

No lo saben las raíces en mitad de la noche,

cubiertas de escarcha.


Solo tengo la determinación de la herida,

las cicatrices de batalla. 


Soy un fue, y un será, y un es perdida.


Soy la última hora estival. Que vuelve siempre a herir al día.


La realidad se diluye entre los sueños.

Nada existe. Nadie existe.


Y sin embargo late.


sábado, 18 de diciembre de 2021

Sonánbulos sin romances.

Porque yo ya no soy yo

Ni mi casa es ya mi casa.

lunes, 29 de noviembre de 2021

El sol

Veinte años lejos de Penélope.

Cuarenta de vagar por el desierto.

Siempre bajo un mismo cielo

y unas aguas distintas.


Aunando lo viejo y lo nuevo.

El presente no es más

que el espacio que queda

entre lo que fue y lo que será.


Es una puerta que se abre o se cierra.


Soy yo una vez más,

delante del espejo cogiendo fuerzas.


Si miro mucho tiempo estos ojos

una extraña me devuelve la mirada.


No somos la misma y sin embargo ni hemos muerto ni dejado de existir.


Cambiamos y seguimos siendo.

Seguimos siendo y cambiamos.


Existimos en la luz que queda

suspendida en la oscuridad

cuando se apagan todas las luces.


Un recuerdo y una realidad.

jueves, 25 de noviembre de 2021

.

¿Y si lo que se esconde bajo la piel es tan terrible o peor como lo que me responde el espejo?

Si no soy más que estos fracasos que llevo a cuestas.

Que los kilos sumativos de todas estas heridas y sus rencores.


Y si no soy más que la aplastante certeza de haberme roto.

El resultado de la emulsión de dos personas inmiscibles.


Éramos ella y este odio, este dolor.

Y ahora solo soy yo.


Un jarrón roto se puede volver a pegar,

pero algunas mezclas no pueden separarse nunca más.


Ahora soy esto y las decisiones que tome con la persona que ha quedado

tras estos años

y estas derrotas

y este maltrato.


No tengo las riendas de nada

aunque sujete con las manos este extremo de una cuerda

desanudada.


Se han borrado los límites, los umbrales y fronteras

que marcaban el punto de partida.

Solo estoy yo,

igual que siempre pero más perdida.


Demasiado lejos como para volver atrás

en mitad de un camino por el que no quiero avanzar más.


No me reconozco pero no me encuentro.


Sé que tengo las fuerzas

pero no encuentro a tientas el interruptor.


Un día cada vez

y se me olvida el mantra cada amanecer. 


La salida consiste en encontrar a la persona que fui, que soy, que quiero ser

y a veces temo que la llave sea producto de un sueño

y nada de esto haya existido nunca.

sábado, 30 de octubre de 2021

La estrella

Todos los ojos dirigidos hacia mí
me atraviesan
no me ven

Brillan como estrellas en un cielo de invierno 
me traspasan
me apuñalan. 

Son como la fría superficie de un espejo
de plata
de acero.

No queda nadie bajo este cielo
que pueda ver
que reconozca estas señales

Una y otra vez sale la misma carta
Una y otra vez emprendo un camino
y me encuentro de vuelta a la medianoche 

En la casilla de salida 
Miles de ojos me miran
pero no me ven 

Solo hay un reflejo doloroso 
Y restos de cristales.

No queda nadie 
que recuerde estas señales.

viernes, 10 de septiembre de 2021

Fluir

No podemos decidir el rumbo del mar.

No podemos elegir quién se ahoga y quién no.

A veces la vida golpea dos veces donde el segundo rayo no cayó.


A veces pagan justos y pecadores. 

Porque al final a todos se nos cobra una deuda que no contrajimos voluntariamente.


Nos queda

aprender a fluir

guardar el aliento que querríamos gastar

en un último grito bajo el agua.


Esperar con paciencia

un cambio de tiempo.


Un nuevo sol,

una nueva orilla,

marea baja después de la marea alta.


Esperar con paciencia

que no golpee la vida

tres veces donde ya cayó un rayo.