Acabo de encontrar
ese sentimiento de soledad permanente
estaba escondido, muy al fondo
Y tenía mi cara.
Acabo de encontrar
ese sentimiento de soledad permanente
estaba escondido, muy al fondo
Y tenía mi cara.
Una persona que casi no conocía se quitó la vida hace una semana.
Y casi no la conocía, pero estoy segura de que hemos visitado los mismos lugares.
Solo que al final de esta semana
él no está
y yo sí.
Algún día yo no estaré
y alguien que haya visitado mis mismos lugares
sí estará.
Así es la vida
y la muerte.
De día en día,
de semana en semana,
de año en año.
Sobrevivimos,
tratamos de mantener juntas todas las piezas
¿quién somos cuando hemos perdido nuestros engranajes originales?
De día en día,
de semana en semana,
de año en año.
Esta semana él no está
y yo sí estoy.
Hasta que algún día sea yo la que ya no esté
y alguien se quede,
tomando el relevo de este mundo roto,
vigilando las grietas para ver si brotan
las flores.
Es un grito que nadie ha escuchado
y quizás se convierta en un eco en el abismo.
Debajo del hielo descansa un cadáver
a la espera de un único rayo de sol.
Renace de la tierra siempre una vez más.
Es un ciclo que no puede romperse.
Es un grito que nadie ha escuchado
Es un eco en el abismo.
Tiene noviembre esos días blancos y grises
esa crueldad de la indiferencia
esa expectación por el paso del tiempo
Noviembre es el agujero que queda tras la pérdida
es esa herida que nunca cierra
y duele cuando va a llover.
Y, aun así,
en mi viaje de vuelta,
me reconcilio con él.
Con su viento frío que se lleva
fragmentos de mi vida.
Noviembre es
Y nosotros somos.