sábado, 23 de octubre de 2010

Recuérdate


Como es Octubre creo en el amor.
Como es Octubre quiero hacer planes.
Antes de que llegue este invierno que me han dicho que va a ser tan, tan frío. Puede que incluso no sobreviva a él, y quede para siempre congelada en esta pose. En este planeta, ciudad, invierno.
Ahora que es Octubre vuelvo a tener fuerza en las piernas para dar patadas. Por que tengo miedo de que vayan a ser las últimas.

En sueños, he hecho planes de futuro. No planes, sino recuerdos.
En sueños he cumplido muchísimas primaveras y al despertar aún seguía congelada aquí, cambiando muy muy lentamente, a voluntad del sol que derrita mi cárcel de invierno. Tan, tan lentamente que, para cuando quiera darme cuenta, no quedará ni rastro de quién fui, y seré quien soy ahora. Hasta próximamente.
Es lo mismo que aquella teoría de la teletransportación; ésa que decía que dejas de ser tú para volver a ser otro tú diferente en otro lugar. Ésa teoría que hizo que dejase de desear un teletransportador para volver a casa una noche de esas cansadas (por-si-acaso).

Sigo siendo, pero diferente. Más nueva aunque más vieja. Eso del vintage, que debe estar de moda. Parezco yo, pero me doy cuenta de que la piel que dejo atrás va siendo sustituida por mi nueva imagen, hasta el punto de que no seas capaz de recordarme de otra forma que como me recuerdas ahora. Como me recordarás en el momento.
Es lo mismo que éso de cuando uno se corta el pelo, y ya no somos capaces de evocar el cuerpo y forma de aquellos cabellos largos.
Recordar a los que ya no están.
Recuérdate.

(Por-si-acaso)

viernes, 22 de octubre de 2010

Fly away



Sentirse lejos.
Fuera.

Tan tarde que casi amanece


He llegado a casa.
Y nadie me esperaba despierto.
No puedo decir que no haya sido divertido. Pero es que yo también quería acabar esta noche con esos besos tan bonitos que hacen que me entren ganas de llorar.
De "te cojo de la mano y tiro de ti, para que estés tan cerca que me tengas que besar".
Y estoy aquí, a medio camino entre el llanto y la sonrisa. Que sólo quiero ir a la cama, suspirar, cerrar los ojos. Sentirme especial.

Como esos besos tan bonitos de jueves por la noche... jueves universitario. Y yo aquí sola, llorando.


"Vente con nosotros al piso"
Y ella se mordía el labio inferior, queriendo decir que buscaba una historia más bonita; azul.

martes, 19 de octubre de 2010

De que te encuentren.




Ese momento en Octubre donde tienes ganas de marcharte. Bueno, no de marcharte, de que te vayan a buscar. De que te digan todas esas cosas que, por tontas, hacen que pueda echarme a llorar y no sentirme mal nunca más. Hasta que tenga un segundo para pensar.
Ganas de esconderse, debajo de un montón de mantas, donde no tenga forma ni color, donde no tenga ojos ni sonrisa. Hasta que me encuentren, si me encuentran.
Que me reclamen, que me den motivos para ser.
Que los encuentren.

lunes, 18 de octubre de 2010

La posibilidad de la victoria



Se de lo que me hablas. De esa incapacidad de detener tus pies, aunque te sientas exhausto y pienses: "Voy a parar". Porque, con las prisas, he soltado su mano. Y ella se quedas atrás, mirando. Pero no puedes parar los pies, porque eres consciente de que, si paras, no sabrás volver a la carrera. Y cuanto más te alejas, más te das cuenta.
De que si no abandonas y rechazas la posibilidad de la victoria, la perderás. Ahí, mirándote, extendiendo la mano pero sin moverse.
Porque ella ha decidido no vivir en tiempo ni lugar. Y la barahúnda de participantes te arrastra sin tocarte, sin darte la opción de detenerte y romper la marcha perfecta.
La posibilidad de la victoria.
"Pierde y gáname"
Pero no hace falta que hables del miedo que tienes, de no ser capaz de amar por no olvidar la derrota del tiempo y el futuro. De no acostumbrarse a las eternas tardes de Otoño viendo películas atemporales con nuestros vasos atemporales de cacao, o café. Y reprocharle, cuando se vaya, que los has perdido todo. Tú, antes, corredor de élite de la vida. Y a solas el mundo sin ella.
Eso de no ser capaz de perdonar(te) el haber olvidado, en sus blancos brazos, andar sólo; hasta el punto de ser un inválido si te amputan su presencia. Hasta el punto de odiar el futuro que te prometen como discapacitado: el futuro de los perdedores.

Es por eso que, por mucho que tu corazón lata con fuerza, presa del pánico, tú no eres capaz de parar. Porque, en el fondo, quieres vivir. Darías tu vida por ella, lo harías realmente; porque cuando se marchase, tendrías que renacer, o ella te llevaría a todas las ciudades y camas a las que fuese después de ti.
Y tu quieres vivir. Es la prueba de acero.
Y ella es la definitiva.
La posibilidad de la victoria.

Continúas, mirando sus ojos, disculpándote. No es porque tengas miedo a la muerte (lo tienes, te aterra), es porque parar es un suicidio. Y tú, como todos los que juegan, participan, compiten; quieres ganar.

Pero te equivocas de camino. No te has dado cuenta de dónde está la posibilidad de la victoria.

domingo, 17 de octubre de 2010

Sendas madrugadas.


Te miro y bebo otro trago de este café tibio que hoy me dura más que otros días, como si fuera de casualidad.
Te estoy contando mi vida, saltándome esas partes que he cubierto con polvo de arena, con piedras y libros que ya me leí, cuyas historias empiezo a olvidar; si ganaba el malo o triunfaba el amor.
Rectifico cuando hablo de hombres, cuando hablo de mí.

Sobre todo te cuento historias del futuro.
Las tengo pensadas y construidas.
Y tú me miras con esa ternura y tristeza que dice: "oye, chica, eso duele cuando llega otro invierno y estás sola (cuando llegue)".
Y yo lo sé. Lo sé.

Pero siempre siento nuevo.
Tú hueles a nuevo. Como tus sábanas.
Te digo, hablando de él.

Sólo hablo de él, y si no lo hablo, lo pienso.
Ya ves. Así de tonta soy.
Hablo del futuro. Meses. Meses y meses. Nada de años, que me dan miedo. Que sean mejor sucesiones de estaciones. Calor y Frío. Tardes y noches. Sendas madrugadas.

Sendas madrugadas.
Apuro el café. Fuera, si no sale el sol, hará frío. Y quiero volver pronto a casa, llegar a aquí. Y no es por las manos heladas y la nariz roja.
Sendas madrugadas. Y ojalá fuesen una.


"¿Tú y yo qué?"
Y se me encogió el corazón.
Y era de madrugada.

sábado, 16 de octubre de 2010

Hasta que me duele y me arde toda la cara


No te dediques a pensar en nada que hayas podido ver o vivir.
Pregúntame, que tengo la respuesta preparada.
Pero al final va a dar igual.
Porque esto es un tira y afloja. Y tengo tan poca fuerza, y tú tan mal gusto, que no me llegas a convencer, y sólo pierdo cuanto antes tenía entre las manos. Que de pronto ya no me gusta nada.

Aprieto las mandíbulas hasta que me duele y me arde toda la cara.
De pronto ya no me gusta nada. Y nada nuevo llena esos vacíos.
Por eso tengo que evitar los espejos, apretar las mandíbulas, fuerte hasta que me duela y me arda la cara.
El ceño, de tanto fruncirlo para evitar llorar.
De pronto tampoco me gusta.

Miro al pasado como si no quisiese tener un futuro.
Miro de reojo. No porque importe lo que opinen los demás (que también), sino para ver si ellos saben algo de lo que estaba bien o mal.