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martes, 16 de enero de 2018

Epitafios y retratos

No soy la que fui
la niña que empezó aquí.

No soy los 10 inviernos que llevamos
bajo la sombra del almendro.

Ni soy la que persiguió amaneceres
con los tacones en la mano
y el alma hecha jirones.

No soy la que se perdió debajo del agua.
Ni la niña que no entendía la muerte.

No soy la chica que se arrodilló ante la luna,
ni la que quiso por no quererse ella.

Pero sí soy la que pone luces en las paredes
y se acuerda
de todas las que fue.

Soy la que guarda el corazón de todas ellas
las que (se) fueron
y las que serán.

Soy, hoy, el corazón sereno
de aquel dolor destructor.

La calma y la vida que pasa,
sobre los gritos y el éxtasis de la caída.

Sigo siendo tormenta en el pecho
pero ya no lloro por las noches.

Encontré esa paz
que da el tiempo y el calor.

Y, aunque sigo teniendo las manos frías,
soy, en esencia, las ausencias,
los recuerdos,
las acciones y emociones
de todas cuantas fui.

Nos vemos en el campo.

lunes, 29 de agosto de 2016

from the sky

Imagina un mar que vuelve,
una marea que se alza.

Imagina un suelo de cristales
bajo un techo de alas caídas.

Quedó colgando un ángel.
Se nos tragó el océano.






jueves, 11 de agosto de 2016

Vestidos de domingo.

Arreglar el mundo desde el jardín de un verano frío.
O saber quién soy
solo en la contabilización de víctimas y enemigos.

No dejé atrás ningún cadáver bello.

O saber quién soy
solo en el peso del pecho de cada persona que está cerca.

No dejé atrás ningún corazón grande.

Remendar la vida vestida de domingo,
pero de domingo por la tarde.

Hubo despedidas que he echado de menos.
Hubo personas que me dieron algo bueno.
Hubo historias que cambiaría sin dudar.
Victorias y arrepentimientos.

Pero tengo claro que llegué a las cimas que importaban coronar.
Que ojalá hubiesen sobrevivido algunas manos
y ojalá las cargas fuesen menos pesadas.

Y saber quién soy
por las almas donde puse mi mano
y las banderas que adornan mi cabeza.


No dejé atrás nada que hiciese del presente un lugar mejor,
nada que me haga mirar atrás si no es para desear
un feliz cumpleaños,
un ojalá rías, allá donde estés.

Y el resto del tiempo
es todo saber quién soy
coronando almas
y sonrisas.
Arreglando el mundo una tarde de verano,
vestidos de domingo.

lunes, 18 de abril de 2016

Sail

Siguió cruzando los semáforos en rojo
hasta en las calles que no conocía
hasta cuando los coches pitaban,
enfadados.

Siguió dejando pasar los semáforos en verde,
distraída mirando al cielo
o a la tierra
mojada.

La primavera era como ese objeto perdido
que aparece un día debajo de la cama
para recordarnos su existencia
y todo lo que conlleva.

La vida era como la primavera
pero a intervalos
más breves
o más largos.

Y al final todo se resumía en esos días de lluvia y sol
o que se haga de día mientras caminas.
O el mar que se encuentra
debajo de la piel
debajo de la cama.


viernes, 8 de abril de 2016

Abril se hace enemigos

Abril se hace enemigos,
por sus días de sol traicionero
y frío.

Por su lluvia y la nostalgia del mar.

Como los Teleri con sus barcos,
muertos en la orilla,
arrastrados por las olas.
Así se vive en Abril,
con una maldición a la espalda
y la tierra prometida
en ese horizonte de lluvia y sol.

Abril se hace enemigos
solo para que la primavera pueda entrar
a calentar en tardes áureas
las frías manos que deja Abril.

Para que poco a poco
el mar negro se convierta en azul del cielo
y la tierra húmeda en prados en los que descansar.

Porque Abril se hace enemigos
solo para que puedan existir,
bajo días más cálidos,
las reconciliaciones.


viernes, 1 de abril de 2016

primavera

Como el cielo estrellado aún claro del verano,
como el abril de los vientos y el tímido sol,
como el mar tras muchos años
y las flores del cerezo haciendo de cielo.

Así somos.

Ángeles de alas rotas
que no tienen de lo que fueron
más que el recuerdo al mirar
el cielo.

Así somos.

De romper y ser rotos.
Dejando migas en el laberinto
para poder ser
una vez más
Teseo,
el héroe de este cuento.

Asterión en su encierro,
Ariadna en Naxos,
Dédalo en Sicilia.

Como el clavo ardiendo
y la tabla en el mar.

Prolongando,
con la luz tras los párpados.

Cenizas y sol,
arena y hojas verdes,
ramas quebradas
y flores del cerezo.

Esperanza hasta en los inviernos más fríos.
Primavera a contrapelo
a contracorriente.

Ese sol que te obliga a sonreír.
Siempre.




lunes, 13 de abril de 2015

Los hombres cuervos tenían todos los alas negras y la piel pálida.
Se balanceaban como suicidas sobre el extremo del puente.
Y en lugar de pies tenían pezuñas.

Siempre saltaban y emprendían el vuelo antes de que pudieras decirles nada.
Los hombres cuervo ya lo habían oído todo.

Todos ellos parecían uno solo,
recordaban al ejército de los Inmortales;
siempre había un hombre, vestido de negro, con grandes alas y pezuñas en lugar de pies,
con la mirada triste clava en el abismo de aguas oscuras que corría y bramaba bajo el puente.

Los hombres cuervo tienen la espalda llena de cicatrices,
aunque eso nadie lo sabe.
Tienen las alas contadas,
están condenados.

Todos tienen el pelo oscuro
y los ojos oscuros.

Si te acercas a ellos,
si los confundes con un suicida e intentas salvarles,
saltan.

domingo, 12 de abril de 2015

así

Como el ancla,
que se negaba a hundirse.

Así es abril.
Así de estúpido.




viernes, 10 de abril de 2015

abril

Atravesados los párpados
por alfileres de luz

Quema en la piel el hielo del norte,
se enreda en el pelo la arena del camino.

Con los labios secos
y las manos heridas,
camina el sabio
que recorrió todos los caminos.

No hay puerta a través de la cual no haya visto
un final que pasé el resto de mi vida
intentando olvidar.

No hay puerta que no haya sido violada
y tras la cual no se ocultase
otra cosa que la misma noche de invierno.

Los nudos en la garganta no se pueden deshacer
solo queda tragar o morir asfixiado.

Atravesados los párpados
por los destellos del agua

Quema la piel la sal del mar,
se enreda en el pelo el viento

al chocar contra el abismo.

sábado, 28 de marzo de 2015

Luz




Lo segundo que me gustó de ti fueron esos momentos de escudo al suelo que te daban en la madrugada. En los que sentía que, de vez en cuando, era yo quien tenía que abrazarte y enseñarte que había luz en las noches más oscuras. Que estábamos rotos pero, cuatro manos siempre buscan más que dos.
Y siempre podríamos salvarnos cayendo en el otro.






viernes, 13 de marzo de 2015

Todavía hoy






Lo primero que me gustó de ti fue esa sensación cuando me abrazabas.
Todavía hoy continúa.
Era como si el mundo se volviese un lugar menos oscuro.





viernes, 6 de febrero de 2015

spikes

A veces las espinas del mundo
que me crecen de dentro afuera
aprietan más y más.
Y mi lengua responde a latigazos
porque tengo miedo de que, si me abrazas
te puedas pinchar.





martes, 20 de enero de 2015

En blanco

Tenía preparado un baño de burbujas sorpresa,
para la próxima semana.
Pero a veces los planes de futuro caducan
mientras se nos marchita el presente.

Tenía en la cabeza el vacío,
temblores en las piernas.
Trataba, repitiendo el hechizo,
de volver atrás en el tiempo
para recoger del suelo la sonrisa que se cayó
cuando la pegué en el último espejo.

Pero a veces, por mucho que se reme,
por mucho que se golpeen las aguas negras,
la corriente de la noche sigue su curso;
tiene sus propios planes
y no siempre entras en ello.

Yo quería un pájaro
y pasé mis días mirando al cielo.

Por no tener fuerzas para hablar
y estar tan vacía y enredada por dentro,
otorgué voz al silencio
que tiene la lengua densa
y las manos frías.

Sigo enredada, con la garganda cerrada,
sigue hablando más lo que no digo.
Siento que debería explicarlo,
señalar con el dedo,
abrir y enseñar.

Pero cuando abro la boca,
no sale nada
y mi cerebro no para de gritar.

Como saberse la historia de un libro de memoria y
al pasar las páginas,
encontrarlas todas en blanco.

miércoles, 14 de enero de 2015

Lotus

La dama de Shalott murió persiguiendo un reflejo,
y nunca se rindió.
No todos las bestias del laberinto son monstruos,
a veces solo minotauros abandonados,
encerrados,
que necesitan una mano y luz del sol.

No puede levantarse más que quien ha caído.
No se puede reconstruir más que de las ruinas,
igual que el loto no nace en las aguas limpias,
solo la estrella que más brilla se puede ver entre las luces.


Porque sueño, no lo estoy.
Porque amo, porque no me asusta amar,
yo no estoy loco.

viernes, 14 de noviembre de 2014

mandala

Tuvimos aquella locomotora de hierro y metal helado sobre el pecho.
Cada una de nuestras costillas crujió y se rompió como palitos de otoño bajo una lluvia de pesadas piedras.
Casi logramos burlar a la  muerte. Hasta que se enfadó.

Tuvimos noviembre que era el nuevo octubre; y que perder las formas para encontrar las llaves.
Sabíamos tantas cosas que no teníamos que saber.
Casi logramos burlar a la vida. Hasta que se enfadó.

Nos creímos a Teseo por perderle miedo al mar.
Quisimos ser quienes descendiesen, madriguera abajo.
Nunca llegamos del todo a escribir la última página.

Si hubiese podido...
Habría sido diferente.
Habría quedado sumergida el tiempo necesario para volverme un pez
y recibir en mi palacio de cristal a miles de viajeros perdidos,
con sus plumas derretidas debajo del brazo.
Habría dejado mi piel blanda y mis ojos blancos descansar en el lecho de arena;
habría sido el más feroz guardián de Ofelia.

Y teníamos el pecho hundido, latía por los agujeros que dejaban los puños.
Sobre el agua los gritos eran hondas de calma.
Así era la visión del mundo: un mar tranquilo bajo el que observaban, cientos de ojos.

Bajo llave, en mitad de la garganta, no se puede perdonar al bosque por haberse quemado.
No se puede perdonar al cielo por romperse.
No se puede porque son libres para marcharse.

Casi logramos desenredar el nudo universal
hasta que nos pilló la lluvia
y volvimos a casa, mojados.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Algo grande

Esa sensación de que nacimos para hacer algo grande se alimenta de esta historia.
Porque te miro a los ojos,
y a la vida simple de entre mantas y solo querer llegar a casa.
Y dudo mucho que haya objetivo mayor y más ambicioso en la vida
que tener esto,
que tener algo, real, tangible, como una sonrisa y un abrazo,
que te haga feliz
y dar felicidad de vuelta.

Nacimos para hacer algo grande
y lo hicimos,
y lo hacemos
a cada día que pasa(mos)
siendo grande el corazón.

Quizás no podemos deshacer lo andado y pegar las piezas de los cristales rotos
todos los platos que tuvimos que pagar,
no importa quién los estrellase contra la pared.
Pero sí podemos tener una historia para cada cicatriz,
nunca es tarde para pedir perdón
y siempre hay tiempo para empezar a hacer las cosas bien.
Para unas palabras bonitas a uno mismo,
para ser la persona que siempre quisimos ser
y últimamente hemos estado siendo,
sin darnos cuenta.

Nacimos para hacer algo grande
y caímos antes de aprender a volar,
porque es así como se hacen las cosas bien: mal.

Nos encontramos para enseñarnos a mejorar
a base de hacer las cosas mal,
para hacer algo grande,
algo bueno.

Y aquí estamos,
viviendo algo grande.
Pidiendo perdón
y perdonándonos.

Poco a poco,
como se aprende a volar,
como se disfrutan las cosas en la vida,
sin prisa
porque algo grande llega
pero nunca más se va.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

aún sin ser octubre

Un empujoncito a la vida,
bajar las persianas
despedir el sol
cerrar los ojos
y tratar de dormir
hasta que pase todo el día
la vida.

Problemas apilados,
asuntos no resueltos
y candados estallados;

se escapó lo que guardábamos en la jaula.

Si era un pájaro,
ojalá volar sobre el mundo entero.
Si era una bestia,
ojalá encontrar otro hogar,
uno con ventanas más grandes.

Un empujoncito a la vida,
ruedas que chirrían
cuesta abajo
hacia el agua fresca
hacia el cielo azul.

Permitirse un espejo tapado,
unos ojos cerrados,
silencio y tiempo.
Perdonarse.

Se rompieron los cerrojos
se escapó lo que teníamos pensado

ojalá un pájaro
ojalá un lobo
ojalá un niño

y ahora corren,
dueños,
de lo que teníamos creado.



miércoles, 27 de agosto de 2014

Absolutos

La bondad era algo relativo.
A veces la bondad eran trampas de doble filo.
Granadas, la fruta que nos ató al infierno.
Quería ayudar porque ya estaba en el suelo,
pero me habría reconfortado ser aquella sobre todas las cabezas.
Fueron solo tres granos de granada
para convertirse la reina del inframundo;
un precio muy alto
o muy bajo,
según se mire.

Todo es siempre algo relativo.
Las palabras, los sentimientos...
La única certeza es que estamos todos rotos
y todos daríamos cualquier cosa por levantarnos.
Pero lo demás es relativo,
cualquier cosa no es siempre lo mismo.
La bondad es relativa,
la maldad es relativa.

Todos hemos estado heridos.
Agresores y agredidos.
¿Cómo íbamos a aprender a parar?

Y sin embargo aquí estamos,
algunos quietos y otros en movimiento.
El progreso es relativo,
la victoria es relativa,
la derrota es absoluta
pero sus sentimientos y consecuencias:
relativos.

Quizás no seamos buenos siempre,
puros siempre,
nobles siempre...
Quizás a veces daríamos cualquier cosa
porque fuesen otros los que están
siempre abajo.
Pero, en esas circunstancias, lo único que nos hace humanos
(absolutos)
es la capacidad de sacrificarnos,
la bondad,
aunque relativa.

Dar algo por alguien
que quizás lo merece
o quizás no.
Dar algo por alguien
que quizás te hunda
más y más.
Y, al mismo tiempo,
te permita levantar la cabeza
para tomar aire
un nuevo día.

El silencio,
el tiempo de saber quién eres
qué has hecho
cuántas veces has dado
más de lo que podías,
querías,
debías.
Eso,
eso es absoluto.

lunes, 25 de agosto de 2014

Aware

Había amanecido,
y en lugar de romper el hechizo
la luz del día trajo tus ojos
ahora verdes,
y las sábanas blancas.

Me abrazaste
y, con tu hombro como almohada,
supe que quería eso para siempre.

Empecé a temblar,
estaba nerviosa,
consciente por primera vez de que había algo
frágil
que podría romperse con cualquier cambio
en la luz,
en el silencio de la pequeña habitación.

Tú empezaste a besarme la cara
como pequeñas gotas de lluvia
cayendo sobre el asfalto tibio
un atardecer de verano.

Supe, antes incluso de rozar tus labios,
que aquello era el hogar:
el lugar donde el corazón
quiere estar. 



sábado, 23 de agosto de 2014

No need of heaven

Después del fuego siempre quedaban solo el humo y las cenizas
que caían perezosas como si fuesen nieve.
Nos refugiábamos en cualquier lugar,
juntos, sucios y tosiendo.
Nos abrazábamos
viendo nevar los restos de aquel paraíso
que acabábamos de volar.
Aún teníamos tú la mecha y yo el mechero.

Y entonces, a través del humo,
en mitad de ese mundo de oscuridad
y brasas,
empezábamos a reír
o nos quedábamos dormidos,
el uno sujetando al otro,
o nos besábamos
hasta que dejaba de nevar.

Teníamos esas manos y esa voz,
quizás la maldición.
Cada vez que pisábamos la tierra prometida
las briznas de verde y fresca hierba
a nuestro alrededor
comenzaban a arder,
como cientos de velitas de cumpleaños
esperando extinguirse
llevándose nuestros deseos.

No estábamos hechos para el paraíso.
Por más que corríamos y corríamos,
no llegábamos a aquellos prados verdes y tranquilos,
donde descansaban los mansos.

Con el pelo de fuego,
el pecho de fuego,
los ojos de fuego,
la lengua de fuego...

No estábamos hechos para aquel lugar
que prometía ser el hogar
donde descansar.
Y, sin embargo, reíamos entre los jirones de humo,
dormíamos entre los escombros,
amábamos sobre y bajo las cenizas.

Porque no estábamos hechos para el cielo,
estábamos hechos para nuestro pequeño mundo,
para nuestros días de caos,
nuestros días sábanas,
nuestros besos
y nuestras manos,
buscándonos.

No necesitábamos el cielo
si nos teníamos a nosotros.
No había nada más que encontrar,
nada más que cuidar.

Vivíamos del humo de incendios ajenos,
de la lluvia,
de la nieve de nuestras vidas pasadas,
del oxígeno que nos daba el otro.

Y de eso hace un año.
Ya deberíamos haber dejado de buscar
las puertas del cielo
porque no se puede encontrar el lugar
al que ya has llegado.