sábado, 13 de agosto de 2011



Si quieres un consejo (como si no) te diré, con total inexperiencia, que escribas.
Que escribas si tienes una idea, una historia, por muy largo y pesado que sea.
Escribe si tienes un final, o un principio. Escribe aunque sólo sean palabras.
Porque, si no lo haces, lo acabarás olvidando. Y los demás, sin haberte conocido, te olvidarán a su vez (la parte de ellos que te esperaba en silencio).

Si quieres un consejo, escribe.
Y si quieres otro, lee.

Y no olvides que, la forma más sutil de saber que no estás solo, es poder ir al cine con alguien cuando quieras.

jueves, 11 de agosto de 2011

Regalos


No sé si sabes que siento tu cama como parte de mi piel, y no por las horas que he pasado en(tre) ella.
Y no sé si sabes que lo que (te) siento va más allá de un: qué bien hueles, qué cara tan bonita y qué voz tan serena. Que contigo (con un beso tuyo), aprendo un poco a perder miedo a la oscuridad (literalmente), aprendo un poco a no odiarme (desquererme menos), me río más de lo que me he llegado a reír en mucho tiempo.
No sé si sabes que, bajo tu sombra, ya no escribo, porque no tengo ganas de escapar; ni tengo porqué imaginar nada.

No sé si sabes lo mucho que me has ayudado.
No sé si alguna vez lo habrás pensado.


Pero yo sí sé que estaría mal guardarme esto para mí.
Como quien esconde de la luz el mejor regalo que le han hecho.

lunes, 8 de agosto de 2011

Egoísmo en estado puro

Luz fría, como cubrir con una sábana blanca la ciudad.
A veces siento que mi engranaje no hace funcionar ninguna máquina. Dos tuercas que giran, una separada de la otra.

A veces necesito uno de esos abrazos, de tibio desinterés.
Porque ya me sé eso de que las palabras sólo son eso, palabras. Y eso de que hay cosas que se sienten mucho antes de decirlas (y mucho después).
Pero mi fe es débil, y necesito creer más que los demás.

Y es que, una vez bajados al infierno, sólo los fuertes de voluntad podrán volver (sin mirar atrás).

A veces me siento encerrada en una caja. De ese cristal con el que puedes ver lo de fuera, y lo de fuera no puede verte a ti.

sábado, 6 de agosto de 2011

Prométemelo

De estos días que son sólo míos, y muy poco para mí.

En la torre alta, alta, alta.
Esperando a que te crezca el pelo.

lunes, 18 de julio de 2011

After Party


Hace un año, a estas horas, en esta ciudad, que ahora me parece completamente nueva.
Con el alcohol subiéndose a la cabeza, y la existencia por los suelos.
Una noche de esas de cerrar los bares, de salir de una cueva cuando amanece, con la cabeza dándome vueltas.

Y lloré, y me abrazaste. No sé si te lo he dicho alguna vez, pero ya sabía que te iba a besar, mucho antes de empezar la noche.
Y te besé. Y no fue como en los cuentos.
La boca me sabía a alcohol; era un anuncio de que la noche acababa.
Te pusiste contento, porque te llamaron guapo.
Y yo estaba sentada encima de ese banco que siempre está pringoso dentro de un bar, en el que la luz gris del amanecer se empezaba a filtrar.

Y en aquel momento no me pareció una historia especialmente bonita.
Pero ahora sólo puedo imaginarla con un filtro como de cuento; que será el color de los cristales de la historia que construimos a nuestro alrededor.


Y sé que no (te) escribo tanto como debería, pero es que hoy necesitaba otro de esos abrazos.
Y esta siempre ha sido mi forma de hablar (a pesar de los silencios).

viernes, 15 de julio de 2011

Veinticuatro horas


Como si el tiempo no hubiese pasado.
Que ha pasado, lo sé. Lo noto en los huesos, en la piel; está como triste, cansada.
Como si siguiésemos siendo aquéllos niños que se tenían, incondicionalmente, los unos a los otros. Y no existía nada más. Porque éramos eternos. Porque el tiempo, el futuro, no existía.
Y ahora, hemos construido tan alto, tan tan alto, que a veces pienso qué pasará si se nos hunde la torre. Si seguiremos siendo capaces de respirar tan a ras de suelo. Y puede que este cielo sea una ilusión sobre el asfalto.
Pero a mí se me hace "ese" nudo en la garganta.
Ese nudo de pérdida irreversible; que os obligaría a todos a no haber crecido nunca, y seguir cantando por la calle, y seguir siendo unos niñatos como los que ahora nos parecen siempre demasiado jóvenes para hacer las cosas que nosotros ya hacíamos a su edad.

No sé si me explico.
Y no me importa. Igual que el que llora y, entre sollozo y sollozo, apenas podemos dilucidar un nombre.
Es ese sentimiento de pena que eriza la piel. Y echas de menos tu cuerpo de aquel entonces, aquella magia que se te ha escapado de entre los dedos y entre los labios.
Y te decías a ti misma que todo vuelve (al final), pero empiezas a dudar de esa ley de eterno retorno, que tenía más sentido antes.


Que no ha pasado tanto tiempo, y sin embargo a veces me sorprendo de que la mañana de un día y la noche de ese mismo día pertenezcan a las mismas veinticuatro horas. Será esa fea costumbre de dormir entre comidas.

lunes, 11 de julio de 2011

Olvidé qué día es hoy.

Recógete el pelo para entrar en la ducha, a pesar de que siempre se te acabarán mojando algunos mechones.
Mira en el espejo, tu cuerpo salpicado. Parece más bonito así.
Tápate con la toalla y escóndete en una de esas habitaciones en penumbras de verano.
En silencio.
Suspira. Promete. Espera.