martes, 24 de diciembre de 2013

Mi mar, mi norte. (Me ahogué, me helé)

Recuerdo tu mar, a las puertas de un Abril,
y su lluvia.
Recuerdo su color de grises y tu voz
entre las olas.
En algún punto entre esa playa vacía
y su atalaya de verdes,
decidí quedarme para siempre
atrapada en esta historia,
entre tus manos y tu sonrisa,
que eran como puertas que se abrían
una vez cada cien lunas.
Decidí hacer de tus sábanas mi templo,
y de tu ojos mi luz.
Decías andar perdido en las tinieblas,
pero a mí me enseñaste el camino.
Y ahora, por primera vez,
estoy en casa. Completa.
Eres mi hogar, allá a donde vayas.
Me levantas, una y otra vez.
Me sonríes, como si la vida no pesara.
Recuerdo tu mar,
y lo grande que era para mi pecho,
esa sensación de perderlo todo
y estar de pie, desnuda, ante la vida.
Y entonces me cogiste de la mano.
Guiñabas el ojo para decirme
que todo iría bien.
Me cogiste cuando yo lloraba ante el mar,
cuando no podía volver al norte,
cuando no encontraba mi hogar.
Te he necesitado toda mi vida,
en cada noche de espinas,
en cada error y caída.
Pero llegaste tú,
al final, justo cuando empezaba a llover
en aquella playa tan triste.
Y supe que me veías,
a través de la piel
y a través de las heridas.
Nunca nadie me había conocido,
aunque yo siempre diga
que te equivocas,
nunca nadie me había conocido,
de dentro a fuera.
Y yo lloraba,
estaba tan perdida
que no quería seguir adelante.
Apareciste, mi norte,
mi mar,
te sentaste a mi lado en silencio
y supe que me habías visto,
que sabías quién era.

Me salvaste,
me salvas cada día.

Eres mi mar y mi norte,
sin ti estoy perdida.



2024: eras un Monstruo. Lo recordamos nosotras: G., C., M. y yo. Pero nosotras lo vivimos, aunque no lo supimos ver. Siento haberlas seguido en tu camino de tierra y barro. Siento no haberlas creído.
Con tus gritos y tus golpes, tu luz de gas y tus chantajes. Acabé sola y aislada, encerrada en tu jaula. Espero que puedas cambiar, y lo hayas hecho. Espero que nunca haya que sumar otra inicial a la lista de chicas que tú definías como locas, malas y mentirosas. La lista el la que nos metías a todas las que ya no podías controlar. Aquellas que pusimos nombre a tus abusos.




domingo, 22 de diciembre de 2013

El lobo feroz

Tú eras el lobo feroz de todos los cuentos
y yo la niña perdida
en el País de las Maravillas,
en pos de un dragón.

Tú, disfrazado de asesino,
rodeado de Caperucitas de doble filo.
Yo, simplemente,
no estaba. No creía en el destino.

Tú tenías esos ojos verdes
de humano derrotado,
bajo ese traje de lobo
que rezumaba sangre,
roja,
propia.

Te vi de rodillas,
aullando.
Y quemé todos los puentes
hacia las torres de mis dragones.

Reescribí el cuento,
te encontré donde no te buscaba.

Eras siempre el malo
en los cuentos de otros.
Aquella era su forma de tenerte atado,
haber capturado al lobo.

Quizás te pusieron la corona rota
y usaron tu cuerpo de soldado.
Pero créeme si te digo
que no eran más que pesadillas,
que tu historia aún debía ser escrita.

Que no inventaremos personajes,
ni héroes ni villanos.
Solo tú y yo,
siempre,
adonde quiera que vayamos.

No volverán a ponerte cadenas
y a encerrarte en la oscuridad
de sus exigencias
de niños caprichosos,
adultos repugnantes.

No volverás a los oscuros bosques
donde acechan monstruos
disfrazados de indefensas niñas,
vestidos de rojo,
con el corazón seco
como los troncos del otoño.

No volverás solo,
nunca más,
a sumergirte en la gélida oscuridad,
a enfrentarte a ti mismo,
en campos de batalla
y abismos.

Tú eras el lobo feroz de todos los cuentos,
el que haría cualquier cosa por verme sonreír.
Me rescataste de mi País de las Pesadillas,
me despeinaste el pelo
y llenaste de barro mis tobillos.

Te intentarán robar, siempre,
para otras historias,
para usar tus garras
en defensa propia.

Tú eres el lobo feroz,
al que hicieron malo en tantos cuentos,
todas aquellos niños que tejían
su historia en lugar de realidad,
para no tener que admitir
su imagen en el espejo.

Si el enemigo está siempre dentro,
me alegro de haber entrado en tu pecho,
siguiendo el reloj de tu voz.
Y de aquí en adelante,
que te quede claro,
que el lobo feroz de nuestro cuento
no va a volver a ser el malo.





sábado, 21 de diciembre de 2013

Luz


Y vienes tú,
en la noche más oscura.
Me tiendes tu mano.
Y amanece.



Gracias por salvarme.

Volver a casa

Arrancarme las entrañas
y arrojárselas al dios helado
que guarda los pies de mi cama.
Hurgarse las heridas.
Volver a casa siempre será
volver a casa.
Retomar viejas costumbres,
ahogarse en las mismas
aguas.

A veces, me voy perdiendo,
si me sueltan la mano.
Me traga este mar denso
y oscuro.

Estoy sola y perdida.
Siempre que vuelvo,
estoy sola y perdida,
y perdiendo.

Me encaramo al sofá,
porque todo el suelo es lava.
Me quedo quieta, quieta,
para que sepan todos
dónde me pueden encontrar.

Porque es esta ciudad,
o sus historias,
o estar tan lejos,
de donde quiero estar.

Y al final da igual.
Porque volver a casa siempre será
volver.

Y yo solo quería no tener que dormir
en el lecho de lágrimas y
el pecho de espinas
de la niña que se marchó de casa
pero al parecer
nunca se fue.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Solo Dios sabe

Si es verdad que existe un Dios,
solo él sabe de nosotros dos.
Solo él puede entender de ti y de mí
de la manera en la que nos queremos,
en la que nos hacemos.
Solo Dios sabe
de nuestras noches quebradas,
los puños en la pared,
las lágrimas en la bañera.
De nuestras noches sonámbulas,
los besos en la espalda
y las charlas eternas.
Las cicatrices escondidas
y las sonrisas sinceras.
Porque yo solo sé de ti
de un tiempo a esta parte
y las orillas que se recortan
en el horizonte
de tus noches oscuras.
Solo sé que me cuidas cada segundo,
solo sé que me lo darías todo,
solo sé que me quieres,
que no te irás y que te culpas
de cualquier daño que pueda manchar
nuestro cielo de trasquilones.
Solo sé que debiste sentirte muy solo
y que no te gustan las cicatrices.
Solo sé que me quieres.
Y de mí, no tengo más
que el miedo a los espejos
y el sentimiento de hacerlo
todo, siempre, tarde y mal.
No tengo más que el quererte,
y luchar.

Es por eso que, si existe un Dios,
solo él nos ve,
como yo te veo a ti
y como tú me ves a mí.
Por eso nos juntamos,
porque cuando yo te miro
y tú me miras,
Dios existe,
y solo él sabe,
bajo nuestra piel.




Will the circle be unbroken

No pueden romperse los círculos,
una vez cerrados.
Igual que no puedo borrar la tinta de mi piel.
O el tiempo y sus estragos.

No pueden soltarse nuestras manos,
después de habernos encontrado.
Que dos vidas solo se cruzan una vez,
y lo demás es vivir juntos o separados.

Solo chocamos una vez,
y es nuestra tarea agarrarnos,
no dejarnos caer,
elegir el camino difícil: ser salvados.

Dices que me quieres y andamos el camino
que no puede ser borrado,
por mil tempestades que caigan
o llevemos a la espalda.

Pueden venir los fantasmas
o llegar los inviernos.
Podemos perdernos en el infierno
y ser tragados por abismos.

No puede romperse este círculo.


.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Your song

Hemos sido niños temblorosos, rotos en pedazos en la ciudad de la piedra y el sol. Y supongo que nunca dejaremos de serlo del todo, en las noches de invierno.
Se nos hace pequeña a veces la vida. Tenemos el pasado con los colmillos clavados en nuestros tobillos. Y nada de las llaves de las puertas donde está la cura de esta forma de arrastrar pecados.
La mitad de las veces que te toco soy incapaz de hacerte saber la forma en la que necesito tu piel. La otra mitad estas dormido y lejos. Te miro y espero que puedas leerme la mente. Me callo y espero que escuches mis latidos. Vivo de esperar milagros, porque nunca supe cómo recomponerme, menos aún a otro ser humano. Puedo prometer no irme nunca, pero supongo que no son más que palabras, y aún busco la forma de encajar mis pedazos en tus huecos. De cubrir los agujeros que nos hicimos a la desesperada, para poder respirar. Que tengo miedo de que un día te congeles en silencio, mientras duermo, llevado por ese viento frío que se te cuela por las grietas. Por eso te abrazo fuerte. 
Quiero poder hacerte feliz. Quiero ser capaz de hacer que (te) deje de doler la vida. Cogerte de la mano y llevarte adelante, conmigo. Saber cómo hacerlo, como salvarte de los clavos y las muros, hacer que te perdones, que me perdones. Dejar atrás los cadáveres que arrastramos, buscar algo mejor, juntos.
Decías que cuatro manos son mejor que dos. Y sin embargo a veces te quedas callado, serio, y sé que estás tocando cristales rotos, sé que estás sangrando; mientras mis manos se convierten en puños crispados, intento alcanzarte y no llego. Si pudiese cantar te haría una canción, te salvaría... pero solo puedo quedarme contigo, siempre. Con lo bueno y con lo malo. Tener despertares con sonrisas, y tener noches de abismos. Dormirme abrazada a ti. Confiar en que el tiempo (juntos) vaya curando, que ser feliz se convierta en costumbre, que no volvamos a despertar de madrugada con un mal sueño y un nudo en la garganta. Hacer de estar juntos nuestra forma de vida y seguir adelante. Seguir así, contigo, como cuando me abrazas y me salvas. Pero esta vez me toca a mí.


yo sí me quedo