martes, 14 de enero de 2014

Y es lo más alto que se puede sentir

Me preguntas por qué y yo no tengo palabras.
Te podría decir que es por la forma que tienes que mirarme.
O de mirar el mundo que te rodea.
Porque tienes ese honor que solo tienen los códigos de los guerreros.
O porque a tu lado siento que no puede pasarme nada.
Te diría que es porque hablas conmigo durante horas,
o me haces reír.
Porque me gustan tus manos, tus ojos, tu voz
y todo lo que hay en ti.
Pero aún así no tendría palabras.
Porque ninguno de estos se acerca al porqué que yo quiero expresar.
Porque me llenas los días de esta paz,
y te adentras en mis habitaciones oscuras,
de las que ni me atrevo a hablar.
Por la forma que tienes de llamarme
cariño.
Que hace que me sienta más tuyas que de las garras
de mi infierno.
Porque me has dado un hogar
y nunca más estarás solo.
Porque crees en la persona que soy,
y me haces mejor.




viernes, 10 de enero de 2014

Mi familia

Dicen que a la familia no se la elige. Y supongo que tienen razón. 
No puedes elegir cuando alguien va a irrumpir en tu vida,
poniéndolo todo del revés,
desenterrando las cenizas de los sueños,
dándoles forma.

Dicen que a la familia no se la elige, y tienen razón,
porque no puedes elegir cuándo esa persona va a entrar en tu vida
cuándo va a derribar todos tus muros y tus inviernos
para traerte el sol todos los días.

No, desde luego no puedes elegir
a esa persona que será, a partir de ahora,
lo mejor.

No pude elegir,
porque apareciste cuando parecía que no quedaba esperanza
y te convertiste en mi familia
y mi vida.



domingo, 5 de enero de 2014

No lo intentes, hazlo.

Supongo que lo que me pasa es que se me da mal echar de menos. Me entra miedo, me siento vulnerable. Y escondo la cabeza. Al final me da miedo estar siempre así; ser tan débil que tengan que cargar siempre conmigo. No me gusta ser la persona que soy cuando me atacan los domingos. Y me cierro porque no quiero ser la que siempre quiebra. Me alejo y veo cómo la vida sigue desde mi agujero, sin mí. Y eso solo hace que vaya a peor...
Yo sé que debería echarle valor a mi vida, sé que demuestro fatal lo que llevo dentro. Sé que parece que desconfío cuando en verdad solo estamos hablando de frío. Y de que sé que si te pierdo, no habrá nada más entre yo y el abismo. Y me conozco lo suficiente como para saber que saboteo todo lo bueno. No sé, no me gusta ser tan vulnerable, simplemente porque no quiero que nadie tenga que cargar tanto conmigo, no quiero ser el sentimiento amargo y de derrota en la vida de quien quiero. 
Disfruto lo que tengo, pero cuanto más lejos estoy, más alto se escucha la voz. Y me dice que no tengo nada más que ofrecer que celos, y días que nunca son mi día, y esta continua enfermedad que no se cura y no sé cómo hacer para dejar de llorar, la mayoría de las veces.
Entiendo lo que te hago sentir, entiendo lo que parece desde fuera. Y me agarro a la luz que me das. Y vuelven las voces, diciendo que me estoy colgando y que, como siempre, haré cenizas de lo bueno que tengo. Solo que esta vez esa no es la alternativa. No puedo sabotear esto, no puedo perderlo. No puedo después de tanto, de haberlo encontrado. Tengo que hacerlo bien, tengo que soltar y dejarme llevar. Y cada vez que fallo tengo fuego en la frente y en el pecho. Y lo siento. Supongo que no se me da bien demostrar las cosas, supongo que no se me da bien vivir conmigo misma. Lo intento, de verdad que lo intento. Debería ser valiente, y pedir un "te quiero" en lugar de llorar en silencio. Debería ser valiente, y hablar más claro. Debería hacer más en lugar de intentarlo.
Supongo que no se me da bien demostrar las cosas, y entro en pánico, y me caigo. Supongo que no sé que hacer con algo tan grande. No estaba preparada para ser feliz después de tanto tiempo a oscuras.
Y de nada sirve que sienta o diga, si no soy capaz de demostrarlo. Así que es tiempo de batallas en solitario; que todos tenemos nuestro monstruo y el mío me devuelve la mirada en el espejo.




rise

Íbamos a quemar hasta los cimientos.
No necesitábamos a nadie,
hasta tal punto,
que nos sobrábamos a nosotros mismos.
Decíamos que nos comeríamos el mundo
cuando, en realidad, queríamos decir
que ojalá nos tragase, de una vez,
el mar y sus abismos.
Alguien a quien amar
siempre sería una debilidad.
Decíamos que lastre en el camino.
Abríamos mucho la boca,
gritábamos al cielo
y llorábamos a la ventana
siempre blanca
junto a nuestra cama helada.
Jurábamos que se dormía bien solos,
pero yo te he buscado en cada esquina
de mil camas.
Así que supongo que,
en nuestra carrera hacia el precipicio,
chocamos
y sangramos.
Caímos heridos al suelo y ahí abajo
nos fuimos curando,
nos lamimos las heridas
el uno al otro.
Y nos quedamos sentados, hablando.
Chocamos y sangramos,
y nos dolió el golpe del otro
siempre más que el propio.
Nos abrazamos
en ese momento
en el que nuestras piernas
temblaban demasiado
como para seguir luchando.
Íbamos en llamas hacia nuestro viaje final,
creíamos saberlo todo de la vida
y quienes la habitan.
Pero en el descenso a los infiernos,
nos encontramos.
Íbamos a acabar con todo,
y entonces tú dormiste conmigo.
Y se me despertó la vida.

Y ahora tú eres mi hogar
y mi motivo.
Eres la magia en la que ya no creía.






sábado, 4 de enero de 2014

Can't help falling in love

Es esta manía que tengo de enamorarme de ti otra vez, cada vez que te veo en fotos. O eso de tener que abrazarte si despierto en mitad de la noche. Es la forma en la que tu sonrisa disipa todos los miedos. Es tu música. Tu mundo. Todo lo que has cambiado mi vida, arreglándola, dándome algo en qué creer... Todo es por tu forma de hacer las cosas. Por tu forma de querer y ver. Por la forma en que tus manos han moldeado los escombros de mí misma, hasta hacer luz entre las brumas del invierno.
Contigo no he vuelto a sentirme sola, ni al borde del abismo en el que me encontraste. Del año que se ha ido, la mitad son los días felices que me has dado. La mitad de un año para curar las cicatrices de tanto pasado. Con tu viento de mar y todas esas veces que no hemos hecho más que hablar, como si no hubiésemos encontrado hasta ahora nadie a quien contarle las cosas. Te he visto dormir tantas veces que me sé de memoria la manera en la que despiertas y me buscas en la cama. He recorrido tanto tus pasillos que ya son los míos. He habitado entre tus muros y te he escuchado tocar para amansar al monstruo. He llorado contigo, has llorado conmigo. Hemos reído juntos. Hemos caído y aún así hemos llegado tan alto...
Y sigo mirándote sin que te des cuenta, pensando en qué pude haber hecho tan bien para que te quedases a mi lado. En si yo tendré algo que ver o será que toca volver a creer en los milagros.
Es esta manía mía de enamorarme de ti otra vez, cada vez que te veo, la que hace que tenga ganas de llorar. Porque, entiéndelo, se me llena el pecho de tantos latidos.
Tapaste con tus manos los agujeros que me hice para respirar. Pintaste de mil colores aquel sol negro. Me has dado un lugar en el mundo. Me has dado un camino en el que poder ser yo misma. Me has dado la mano. Nunca me has dejado sola y nunca me has dejado caer. Has bajado al infierno a buscarme. Me has salvado. Y después, me has dado la vida.
Existes y ya es más que suficiente regalo.
Es lo que me hace feliz.





domingo, 29 de diciembre de 2013

Diciembre acaba

Tengo tu nombre en la piel,
tu olor entre las sábanas.
Tus ojos grabados a fuego
en cada latido del pecho.

Tengo tu voz suave de madrugada
y la forma en que me abrazas.
Tengo tus manos sujetándome,
el tacto de tus alas.

Tengo la sonrisa que me das,
y la tuya, a veces luz
y a veces tan cansada,
que no quiero más que besarte.

Quiero extender las manos y tocarte,
decirte que estoy aquí.
Quiero curar los agujeros que hicieron
los niños crueles con sus acusadores dedos.

Quiero llevar el sol a tus días fríos
y ser quien te encuentre, perdido, bajo la lluvia.
Quiero colarme entre tus cristales rotos
y dormir abrazada a tu espalda.

Salvada.
Y Diciembre acaba.





miércoles, 25 de diciembre de 2013

Motivos

"Tienes que dejar de hacerte daño; tienes que disfrutar y nada más", me decías.
Pero no era nunca tan fácil como parecía cuando lo hacías tú. Porque siempre estabas de pie, y cuando caías, te levantabas y seguías adelante. Quizás por esa forma de vivir de "no nos arrepentimos, no pedimos perdón", te golpeaba tan fuerte la vida, cuando te alcanzaba. Yo era más de "nos arrastramos por penitencia" y claro, jamás me daban un golpe fatal, de esos de por sorpresa; ya me iba golpeando yo, poco a poco, para ver si así me acostumbraba al dolor, que era de lo que creía que iba la vida.
Querías protegerme; supongo que al verme así sentías lo mismo que yo cuando te veía a él mal. Era como ver un muro quebrarse. No sé.
Solo que tus grietas asomaban poco, y nunca más que grietas, aunque yo supiese del humo y de las cenizas. Yo, sin embargo era todo alaridos y pelo en llamas, era un continuo de días en el que alternaba el estar feliz con el sentirme la persona que menos merecía en el mundo. Supongo que esa fue siempre mi forma de vivir, solo que antes no tenía nadie que me mirase.
Y nunca era tan fácil como parecía, porque entraba en un bucle de terror. Sé que puedo ser pesada, sé de mis miedos recurrentes, de mis lágrimas... y cuanto más pienso en lo que eso desgasta a cualquiera, más se agudiza toda mi mierda. Vivía con miedo de perder, con miedo de hacerlo mal. Y supongo que aún vivo de esa manera las veces en las que me suelto y me empieza a tragar el remolino. Pero tengo también tu voz, para traerme de vuelta. Y tus ojos, para ponerlos entre tú y el espejo y sus cristales. Y tengo algo por lo que luchar contra mis monstruos.