Ha vuelto
Ofelia
la oscuridad de unas aguas demasiado frías
Ha vuelto
esa luz tan clara
que congela el mundo y lo vuelve de cristal
Nunca es la misma orilla,
pero siempre estos pies en esa playa
Creció y se le secaron las lágrimas
Creció y volvió a la misma casa
Distintos habitantes
porque los viejos inquilinos no pueden volver
Sentir hasta quedarse hueca
y desear descansar sobre un lecho de flores
Ha vuelto Ofelia
malquerida,
desheredada,
abandonada
a descansar la cabeza entre los palabras
a esperar que pase este noviembre
de despertarse en mitad de la noche
de llorar bajo las mantas
de esa sensación oscura de vacío
la flores no se autocompadecen.
martes, 12 de noviembre de 2019
martes, 16 de enero de 2018
Epitafios y retratos
No soy la que fui
la niña que empezó aquí.
No soy los 10 inviernos que llevamos
bajo la sombra del almendro.
Ni soy la que persiguió amaneceres
con los tacones en la mano
y el alma hecha jirones.
No soy la que se perdió debajo del agua.
Ni la niña que no entendía la muerte.
No soy la chica que se arrodilló ante la luna,
ni la que quiso por no quererse ella.
Pero sí soy la que pone luces en las paredes
y se acuerda
de todas las que fue.
Soy la que guarda el corazón de todas ellas
las que (se) fueron
y las que serán.
Soy, hoy, el corazón sereno
de aquel dolor destructor.
La calma y la vida que pasa,
sobre los gritos y el éxtasis de la caída.
Sigo siendo tormenta en el pecho
pero ya no lloro por las noches.
Encontré esa paz
que da el tiempo y el calor.
Y, aunque sigo teniendo las manos frías,
soy, en esencia, las ausencias,
los recuerdos,
las acciones y emociones
de todas cuantas fui.
Nos vemos en el campo.
la niña que empezó aquí.
No soy los 10 inviernos que llevamos
bajo la sombra del almendro.
Ni soy la que persiguió amaneceres
con los tacones en la mano
y el alma hecha jirones.
No soy la que se perdió debajo del agua.
Ni la niña que no entendía la muerte.
No soy la chica que se arrodilló ante la luna,
ni la que quiso por no quererse ella.
Pero sí soy la que pone luces en las paredes
y se acuerda
de todas las que fue.
Soy la que guarda el corazón de todas ellas
las que (se) fueron
y las que serán.
Soy, hoy, el corazón sereno
de aquel dolor destructor.
La calma y la vida que pasa,
sobre los gritos y el éxtasis de la caída.
Sigo siendo tormenta en el pecho
pero ya no lloro por las noches.
Encontré esa paz
que da el tiempo y el calor.
Y, aunque sigo teniendo las manos frías,
soy, en esencia, las ausencias,
los recuerdos,
las acciones y emociones
de todas cuantas fui.
Nos vemos en el campo.
Etiquetas en frascos de veneno:
De cuando la libélula observa su rostro en las aguas
sábado, 25 de noviembre de 2017
Maña se cumplen 15 otoños sin ti.
¿Si formas parte del recuerdo
por qué tu ausencia duele en el cuerpo?
Si ya hace 4 que he vivido más tiempo
con tu ausencia
que con tu voz.
Si ya entendí hace tiempo que no vas a volver
y que si nos volvemos a ver
tú serás tú
pero yo ya no seré yo.
Se preguntaba Eric Clapton lo mismo.
Y ese vago miedo es, a la vez,
una última esperanza de encontrarnos.
Aunque sea para despedirnos.
Aunque sea un momento, para dibujarte de nuevo
en los recuerdos que,
cada año,
se vuelven más y más lejanos.
Hay heridas que no curan.
Uno aprende a vivir con ellas.
Aprende a ignorar los vacíos.
Como si fuese normal
y nunca hubiese estado ahí.
Y luego vuelve otro otoño,
cada año es uno más,
a colar el frío entre mis agujeros
y hablarme de lo que falta.
Porque pasan los años
y todavía te echo de menos.
Y no tiene pinta de que esto vaya a curar.
¿Si formas parte del recuerdo
por qué tu ausencia duele en el cuerpo?
Si ya hace 4 que he vivido más tiempo
con tu ausencia
que con tu voz.
Si ya entendí hace tiempo que no vas a volver
y que si nos volvemos a ver
tú serás tú
pero yo ya no seré yo.
Se preguntaba Eric Clapton lo mismo.
Y ese vago miedo es, a la vez,
una última esperanza de encontrarnos.
Aunque sea para despedirnos.
Aunque sea un momento, para dibujarte de nuevo
en los recuerdos que,
cada año,
se vuelven más y más lejanos.
Hay heridas que no curan.
Uno aprende a vivir con ellas.
Aprende a ignorar los vacíos.
Como si fuese normal
y nunca hubiese estado ahí.
Y luego vuelve otro otoño,
cada año es uno más,
a colar el frío entre mis agujeros
y hablarme de lo que falta.
Porque pasan los años
y todavía te echo de menos.
Y no tiene pinta de que esto vaya a curar.
lunes, 7 de agosto de 2017
con la cabeza entre dos palabras
Desde el sexto círculo del infierno,
con la boca demasiado grande
y el pecho demasiado pequeño.
Con esa herida que sangra
y empapa la ropa
hasta que empieza a hacer frío.
Llevo las rodillas sucias
y las sienes cansadas.
Me dejé las llaves fuera.
Vengo a dormir al primer piso
con la cabeza entre dos palabras
que forman una despedida.
con la boca demasiado grande
y el pecho demasiado pequeño.
Con esa herida que sangra
y empapa la ropa
hasta que empieza a hacer frío.
Llevo las rodillas sucias
y las sienes cansadas.
Me dejé las llaves fuera.
Vengo a dormir al primer piso
con la cabeza entre dos palabras
que forman una despedida.
Etiquetas en frascos de veneno:
Una de saludos y despedidas
lunes, 2 de enero de 2017
Esta quizás sea mi primera
y última entrada
escrita desde el teléfono.
Hoy he visto a mi abuela desvanecerse
entre los pliegues del tiempo,
de la ciudad.
Como un pequeño duende
entre la maleza del invierno.
Escarcha en la cabeza.
La veo alejarse
y empiezo a creer
que la que se va soy yo.
El hueco de mi hogar se llenó de cajas,
duermo en el rellano de mi pasado.
No soy más una niña.
No soy aún una adulta.
Soy como ese duende,
al que quiero y al que guardo rencor,
que va saltando, de azulejo en azulejo,
olvidándolo todo,
hasta que no quede nada.
Nada más que el asfalto y la escarcha.
y última entrada
escrita desde el teléfono.
Hoy he visto a mi abuela desvanecerse
entre los pliegues del tiempo,
de la ciudad.
Como un pequeño duende
entre la maleza del invierno.
Escarcha en la cabeza.
La veo alejarse
y empiezo a creer
que la que se va soy yo.
El hueco de mi hogar se llenó de cajas,
duermo en el rellano de mi pasado.
No soy más una niña.
No soy aún una adulta.
Soy como ese duende,
al que quiero y al que guardo rencor,
que va saltando, de azulejo en azulejo,
olvidándolo todo,
hasta que no quede nada.
Nada más que el asfalto y la escarcha.
lunes, 29 de agosto de 2016
from the sky
Imagina un mar que vuelve,
una marea que se alza.
Imagina un suelo de cristales
bajo un techo de alas caídas.
Quedó colgando un ángel.
Se nos tragó el océano.
una marea que se alza.
Imagina un suelo de cristales
bajo un techo de alas caídas.
Quedó colgando un ángel.
Se nos tragó el océano.
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De cuando la libélula observa su rostro en las aguas
jueves, 11 de agosto de 2016
Vestidos de domingo.
Arreglar el mundo desde el jardín de un verano frío.
O saber quién soy
solo en la contabilización de víctimas y enemigos.
No dejé atrás ningún cadáver bello.
O saber quién soy
solo en el peso del pecho de cada persona que está cerca.
No dejé atrás ningún corazón grande.
Remendar la vida vestida de domingo,
pero de domingo por la tarde.
Hubo despedidas que he echado de menos.
Hubo personas que me dieron algo bueno.
Hubo historias que cambiaría sin dudar.
Victorias y arrepentimientos.
Pero tengo claro que llegué a las cimas que importaban coronar.
Que ojalá hubiesen sobrevivido algunas manos
y ojalá las cargas fuesen menos pesadas.
Y saber quién soy
por las almas donde puse mi mano
y las banderas que adornan mi cabeza.
No dejé atrás nada que hiciese del presente un lugar mejor,
nada que me haga mirar atrás si no es para desear
un feliz cumpleaños,
un ojalá rías, allá donde estés.
Y el resto del tiempo
es todo saber quién soy
coronando almas
y sonrisas.
Arreglando el mundo una tarde de verano,
vestidos de domingo.
O saber quién soy
solo en la contabilización de víctimas y enemigos.
No dejé atrás ningún cadáver bello.
O saber quién soy
solo en el peso del pecho de cada persona que está cerca.
No dejé atrás ningún corazón grande.
Remendar la vida vestida de domingo,
pero de domingo por la tarde.
Hubo despedidas que he echado de menos.
Hubo personas que me dieron algo bueno.
Hubo historias que cambiaría sin dudar.
Victorias y arrepentimientos.
Pero tengo claro que llegué a las cimas que importaban coronar.
Que ojalá hubiesen sobrevivido algunas manos
y ojalá las cargas fuesen menos pesadas.
Y saber quién soy
por las almas donde puse mi mano
y las banderas que adornan mi cabeza.
No dejé atrás nada que hiciese del presente un lugar mejor,
nada que me haga mirar atrás si no es para desear
un feliz cumpleaños,
un ojalá rías, allá donde estés.
Y el resto del tiempo
es todo saber quién soy
coronando almas
y sonrisas.
Arreglando el mundo una tarde de verano,
vestidos de domingo.
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De cuando la libélula observa su rostro en las aguas
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