¿Quién soy?
¿Quién queda?
Silencio
me borro en la luz tenue
de una noche
de invierno
Reconozco
mi entorno, mis muros y suelos
pero no a mí
Hay un eco
entre yo y el mundo
Un abismo por el que se pierde
la persona que fui
No vuelvo a nacer,
solo permanezco
con los ojos abiertos en la oscuridad
Espero
jueves, 19 de diciembre de 2019
martes, 17 de diciembre de 2019
Reza
De la luz de diciembre,
el frío en los cristales.
Queda
un camino
plagado de cadáveres.
Y, entre ellos,
el mío.
He llorado mil veces la pérdida
y ahora parece poco más
que un accidente de invierno.
Se han ido,
sin gritos,
sin sangre.
Como si jamás hubiesen existido.
Se cierra una década,
exhausta,
herida por puñales.
Se cierra una década,
agónica,
coronada de flores.
el frío en los cristales.
Queda
un camino
plagado de cadáveres.
Y, entre ellos,
el mío.
He llorado mil veces la pérdida
y ahora parece poco más
que un accidente de invierno.
Se han ido,
sin gritos,
sin sangre.
Como si jamás hubiesen existido.
Se cierra una década,
exhausta,
herida por puñales.
Se cierra una década,
agónica,
coronada de flores.
miércoles, 11 de diciembre de 2019
Fragmentos
Se ha roto la vasija.
De los últimos 20 años
queda un fragmento de cerámica
que escapó de la basura
refugiándose bajo el sofá.
Se ha roto este cristal
y ahora estoy fuera y dentro,
y hace frío.
Las personas se han marchado
dejando sus huellas en mi cara
y mis lágrimas en el suelo
como único testimonio.
He perdido en 20 años.
Las personas se han marchado
y hace frío dentro y fuera.
De los últimos 20 años
queda un fragmento de cerámica
que escapó de la basura
refugiándose bajo el sofá.
Se ha roto este cristal
y ahora estoy fuera y dentro,
y hace frío.
Las personas se han marchado
dejando sus huellas en mi cara
y mis lágrimas en el suelo
como único testimonio.
He perdido en 20 años.
Las personas se han marchado
y hace frío dentro y fuera.
martes, 12 de noviembre de 2019
Las flores
Ha vuelto
Ofelia
la oscuridad de unas aguas demasiado frías
Ha vuelto
esa luz tan clara
que congela el mundo y lo vuelve de cristal
Nunca es la misma orilla,
pero siempre estos pies en esa playa
Creció y se le secaron las lágrimas
Creció y volvió a la misma casa
Distintos habitantes
porque los viejos inquilinos no pueden volver
Sentir hasta quedarse hueca
y desear descansar sobre un lecho de flores
Ha vuelto Ofelia
malquerida,
desheredada,
abandonada
a descansar la cabeza entre los palabras
a esperar que pase este noviembre
de despertarse en mitad de la noche
de llorar bajo las mantas
de esa sensación oscura de vacío
la flores no se autocompadecen.
Ofelia
la oscuridad de unas aguas demasiado frías
Ha vuelto
esa luz tan clara
que congela el mundo y lo vuelve de cristal
Nunca es la misma orilla,
pero siempre estos pies en esa playa
Creció y se le secaron las lágrimas
Creció y volvió a la misma casa
Distintos habitantes
porque los viejos inquilinos no pueden volver
Sentir hasta quedarse hueca
y desear descansar sobre un lecho de flores
Ha vuelto Ofelia
malquerida,
desheredada,
abandonada
a descansar la cabeza entre los palabras
a esperar que pase este noviembre
de despertarse en mitad de la noche
de llorar bajo las mantas
de esa sensación oscura de vacío
la flores no se autocompadecen.
martes, 16 de enero de 2018
Epitafios y retratos
No soy la que fui
la niña que empezó aquí.
No soy los 10 inviernos que llevamos
bajo la sombra del almendro.
Ni soy la que persiguió amaneceres
con los tacones en la mano
y el alma hecha jirones.
No soy la que se perdió debajo del agua.
Ni la niña que no entendía la muerte.
No soy la chica que se arrodilló ante la luna,
ni la que quiso por no quererse ella.
Pero sí soy la que pone luces en las paredes
y se acuerda
de todas las que fue.
Soy la que guarda el corazón de todas ellas
las que (se) fueron
y las que serán.
Soy, hoy, el corazón sereno
de aquel dolor destructor.
La calma y la vida que pasa,
sobre los gritos y el éxtasis de la caída.
Sigo siendo tormenta en el pecho
pero ya no lloro por las noches.
Encontré esa paz
que da el tiempo y el calor.
Y, aunque sigo teniendo las manos frías,
soy, en esencia, las ausencias,
los recuerdos,
las acciones y emociones
de todas cuantas fui.
Nos vemos en el campo.
la niña que empezó aquí.
No soy los 10 inviernos que llevamos
bajo la sombra del almendro.
Ni soy la que persiguió amaneceres
con los tacones en la mano
y el alma hecha jirones.
No soy la que se perdió debajo del agua.
Ni la niña que no entendía la muerte.
No soy la chica que se arrodilló ante la luna,
ni la que quiso por no quererse ella.
Pero sí soy la que pone luces en las paredes
y se acuerda
de todas las que fue.
Soy la que guarda el corazón de todas ellas
las que (se) fueron
y las que serán.
Soy, hoy, el corazón sereno
de aquel dolor destructor.
La calma y la vida que pasa,
sobre los gritos y el éxtasis de la caída.
Sigo siendo tormenta en el pecho
pero ya no lloro por las noches.
Encontré esa paz
que da el tiempo y el calor.
Y, aunque sigo teniendo las manos frías,
soy, en esencia, las ausencias,
los recuerdos,
las acciones y emociones
de todas cuantas fui.
Nos vemos en el campo.
Etiquetas en frascos de veneno:
De cuando la libélula observa su rostro en las aguas
sábado, 25 de noviembre de 2017
Maña se cumplen 15 otoños sin ti.
¿Si formas parte del recuerdo
por qué tu ausencia duele en el cuerpo?
Si ya hace 4 que he vivido más tiempo
con tu ausencia
que con tu voz.
Si ya entendí hace tiempo que no vas a volver
y que si nos volvemos a ver
tú serás tú
pero yo ya no seré yo.
Se preguntaba Eric Clapton lo mismo.
Y ese vago miedo es, a la vez,
una última esperanza de encontrarnos.
Aunque sea para despedirnos.
Aunque sea un momento, para dibujarte de nuevo
en los recuerdos que,
cada año,
se vuelven más y más lejanos.
Hay heridas que no curan.
Uno aprende a vivir con ellas.
Aprende a ignorar los vacíos.
Como si fuese normal
y nunca hubiese estado ahí.
Y luego vuelve otro otoño,
cada año es uno más,
a colar el frío entre mis agujeros
y hablarme de lo que falta.
Porque pasan los años
y todavía te echo de menos.
Y no tiene pinta de que esto vaya a curar.
¿Si formas parte del recuerdo
por qué tu ausencia duele en el cuerpo?
Si ya hace 4 que he vivido más tiempo
con tu ausencia
que con tu voz.
Si ya entendí hace tiempo que no vas a volver
y que si nos volvemos a ver
tú serás tú
pero yo ya no seré yo.
Se preguntaba Eric Clapton lo mismo.
Y ese vago miedo es, a la vez,
una última esperanza de encontrarnos.
Aunque sea para despedirnos.
Aunque sea un momento, para dibujarte de nuevo
en los recuerdos que,
cada año,
se vuelven más y más lejanos.
Hay heridas que no curan.
Uno aprende a vivir con ellas.
Aprende a ignorar los vacíos.
Como si fuese normal
y nunca hubiese estado ahí.
Y luego vuelve otro otoño,
cada año es uno más,
a colar el frío entre mis agujeros
y hablarme de lo que falta.
Porque pasan los años
y todavía te echo de menos.
Y no tiene pinta de que esto vaya a curar.
lunes, 7 de agosto de 2017
con la cabeza entre dos palabras
Desde el sexto círculo del infierno,
con la boca demasiado grande
y el pecho demasiado pequeño.
Con esa herida que sangra
y empapa la ropa
hasta que empieza a hacer frío.
Llevo las rodillas sucias
y las sienes cansadas.
Me dejé las llaves fuera.
Vengo a dormir al primer piso
con la cabeza entre dos palabras
que forman una despedida.
con la boca demasiado grande
y el pecho demasiado pequeño.
Con esa herida que sangra
y empapa la ropa
hasta que empieza a hacer frío.
Llevo las rodillas sucias
y las sienes cansadas.
Me dejé las llaves fuera.
Vengo a dormir al primer piso
con la cabeza entre dos palabras
que forman una despedida.
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Una de saludos y despedidas
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