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lunes, 1 de diciembre de 2008

December


...

·Se le podía ver sentado en lo alto de la colina que coronaba la entrada de la aldea, casi como si se hubiese puesto ahí a propósito, para protegerla y encerrarla dentro de aquel valle.
El pelo, que había vuelto a crecer, esparciéndosele por la cara, hondeando, furioso, al viento. Como siempre.
Pero ese día había comenzado a nevar.
Nevaba por primera vez desde que nació aquel niño de pestañas blancas en la aldea. El mismo niño que murió ahogado dos días después de que Angelus cumpliera cuatro años.
Angelus recordaba la nieve, pero no a aquel niño en especial.

Horas más tarde, cuando sus labios se había agrietado, congelándose en una sonrisa azulada, regresó a su casa, con las cejas escarchadas y la ropa empapada.
Sólo volvió una vez se hubo asegurado de que la luna salía, y no lo hacía llena.·


Hold me now my frozen heart.
I'm lost in the winter sleep.



sábado, 29 de noviembre de 2008

Angelus I

Estaba pensando en que debería de volver a mi orígenes, a escribir noches enteras y a dormir poco o nada. Porque una canción me ha traído de vuelta aquellos ojos brillantes, la sonrisa, juguetona, que refleja una emoción y excitación impropia de un guerrero. Y entonces he echado de menos -de nuevo-.
No creo que pueda regresar a lo que fui, y a lo que escribía siendo. Pero, tal vez pueda recordarlo de forma leve.

· No le sentaba bien el pelo tan corto, no obstante el flequillo cayéndole sobre los ojos obstaculizaba su visión en cualquier labor; habiendo provocado más de un incidente.
Aún se recordaba en la aldea la vez aquella que se precipitó el cubo en el pozo por un despiste de Angelus, y éste enseguida se lanzó en pos del dichoso cubo, saliendo finalmente, sin que nadie supiera muy bien cómo, por su propio pie de aquella tumba de agua.

Mucha gente decía hasta en las aldeas vecinas que Angelus era un niño nacido bajo la gracia de la diosa, reuniendo en su persona la belleza, la fuerza, la inteligencia y el saber del viejo rey Thórmenom.
Tampoco faltaba, no obstante, quien atribuía todas estas cualidades a un pacto con el diablo. Obviamente, ninguna de las dos opiniones era correcta. Y quizá su nombre, poco común cuanto menos, tampoco ayudaba a la normalización de aquel chico que, con once años, paseaba su nueva imagen con la sonrisa más amplia y luminosa que jamás se hubiera visto en la aldea.
Era consciente de que, aquella mañana, todo el mundo le miraba a él, o, mejor dicho, a su pelo, que ya no se encontraba con él. Angelus era el primero en añorar sus suaves mechones de color pajizo, pero eso no le robaría la cancioncilla que asomaba entre sus labios, ni arrancaría un reflejo de tristeza de sus ojos de tormenta.
·


Jean-François Millet - "L'Angélus"

"- Lo llamaron así porque nació cuando el alba despuntaba.
Acarició el óvalo de su rostro y susurró su nombre, tan bajo que sólo se pudo percibir en el trémulo estremecimiento de la llama de La Vela que se encontraba frente a la ventana: ..."