viernes, 9 de julio de 2010

Soñar, pero sin dormir; dormir, pero sin soñar.






¿Sabes? A veces, cuando miro fotos, de ésas en las que siempre salimos mal, siento que todo fue un sueño, como si realmente no hubiésemos existido jamás.

Lluvia de verano


No veas como llueve.
Y yo sólo llevo una toalla.
Los vaqueros, la camiseta, los calcetines de colores, la piel... todo me pesaba demasiado. Por eso sólo llevo una toalla.
Estando en mitad de ese campo de fútbol que hay enfrente de mi casa se han asomado cuatro personas.
"Está loca" Han debido de pensar.

Yo saltaba y me mojaba los pies.
Miraba al cielo que se caía poco a poco sobre mí.
He contado los segundos tras el relámpago.
Eran diez.
Ni ocho, ni tres, ni trescientos tres.
Diez. Seguro que quiere decir algo.

Antes de irme a dormir, tenía pensado escribir sobre el "querer bien" o "querer mal".
Pero ha empezado a llover.
Y ahora estoy aquí, empapada, con una toalla blanca. ¿Hacía cuánto que no utilizaba una toalla blanca?

Estando debajo de la lluvia me ha importado una mierda pensar en todo lo perdido durante este año.
Una mierda si soy un 7 o un 0.
Si soy tuya o suya.
Si viene el abismo o el edén.

Ahora no, ahora tengo miedo otra vez. Me siento sola de nuevo. Y me he vuelto a mirar en el espejo.
Pero... me encantan las tres palabras que resumen todo lo que más me limpia.
Lluvia de verano.

jueves, 8 de julio de 2010

Just a man.

30.000

¿Cómo es él?
Yo también me lo pregunto, tengo miedo de que, de conocer su rostro tan bien, no sea capaz de diferenciarlo entre los cientos de personas con que me cruzo cada día.
Sé qué le gusta, cuándo llora, y sé cómo ha amado a todas las chicas que ha tenido. Poseo tantas certezas que me duele el pecho de recordar.
Hablaba de sus ojos profundos y su sonrisa.
También es como un niño: a veces se quiere morir, y, de pronto, duda, se deja llevar y acaba arrastrándote al centro de clubs nocturnos de luces parpadeantes.
Desespera, y justo cuando piensas que perderás la paciencia, pone tu mundo patas arriba.

Sé que a veces se encierra en su habitación de una manera diferente a la mía. Se recluye. Pide ayuda a gritos; si no vas a buscarlo se asfixiará.
Su vida brilla tanto que no es capaz de encontrar su camino.

Él es como una vela, forjado, incandescente. Como la llama trémula que poco a poco engulle el vacío.
Está tan perdido que se encontrará conmigo. Y ese será su fin.

Oveja descarriada.
He venido a devorar tu pecho, tus entrañas.

Cada noche rezo porque te pierdas en el camino,
porque acabes tan harto de tu luz que quieras venir a la sombra, conmigo.
A cegarnos mutuamente.

lunes, 5 de julio de 2010

No es morir, es más bien no existir.


No todas las personas deberían existir.
Yo soy una de ellas.

Por ser tan estúpida.
Por no cuidar de nadie, absolutamente nadie.

Días, noches, demasiadas, de tirarse en la cama, con música, las luces apagadas, cerrar fuertemente los ojos, y rezar, mucho.
Pide por todo lo que no sabes hacer, empezando por sentir (bien).

No es morir, es más bien no existir.
Y ver si así dejo de pudrir toda la tierra bajo mis pies.


Get the fuck out.

Edit:
No puedo dormir.
Llevo horas pensando.
He leído un fragmento de "El Método" que quería inmortalizar.
No tengo ganas de nada. Me asusta la noche.
Miro, repaso, mis contactos.
Nadie con quien hablar, nadie.
Empiezo a pensar en desaparecer de todos estos sitios, borrarme;
elegir un nombre nuevo, una nueva dirección. Ser nadie.
¿Cómo he querido llamarme siempre?¿Cómo me gustaría ser?

Me libera escribir, no, hablar. Pero, ahora mismo, a 5 de julio, a las 4:23, estoy sola, completamente sola.

El Método (The Game) - Neil Strauss
"Ni siquiera podía imaginarme cómo sería pasar toda la vida con la misma mujer. No es que me asuste el compromiso. No, lo que me asusta es discutir con alguien a quien quiero sobre a quién le toca fregar los platos. Lo que me asusta es dejar de desear a la mujer que se acuesta todas las noches a mi lado, pasar a un segundo plano en su corazón cuando nazcan nuestros hijos, sentir resentimiento hacia ella por haberle puesto límites a mi libertad."
Finalmente, me lo estoy leyendo.

domingo, 4 de julio de 2010

Nuestro sueño durará cien años


Recuerdas, o imaginas, no importa.

Ansias, ansias, ansias.
Anhelas.

"Y cada noche verás que un colchón
de un cinco estrellas dormirás.
Por las mañanas sin voz despertarás
abrazado a tu soledad.
Marioneta, qué sola estás."

No, no me gusta estar sola.
No me gusta no tener en qué ocupar mi mente, a quién escribir.
Pero me gusta mucho menos aún estar acompañada.

Si hoy, si ahora, si justo hasta que el reloj marque "la hora", te encontrase
de-casualidad por la calle,
juro que olvidaría todo lo que he aprendido hasta ahora.
Pero estoy en casa, y las probabilidades de que un piedra golpee mi ventana
y de que seas tú quien la tire, son más bien ínfimas;
sobre todo teniendo en cuenta que tengo la persiana bajada.
Buenas noches, bella durmiente. Nuestro sueño durará cien años.

sábado, 3 de julio de 2010

En la ciudad invisible


En la ciudad invisible llueve, y tras la lluvia que permanece pegajosa sobre la piel, sopla una brisa suave, cálida.
Y en la ciudad invisible, el que llora, lo hace por dentro.
El que duda, no se atreve a hablar (más).

Todo parece a punto de estallar. Como el segundo antes de que la bomba atómica desate su fuerza; justo en el instante entre el impacto y la explosión.

La luz del cielo es blanca, de una claridad sorprendente; y bajo esa luz todos los habitantes de la ciudad invisible son hermosos.

Se escuchan los coches pasar, sin prisa, la lluvia caer, los jóvenes gritar, reír.
Pero todo resbala como la tormenta que nos empapa, como el sol que, de lejos, no se atreve a acariciarnos.

Y es que estamos sumidos en esa calma que no se encuentra tras la tempestad, sino en el mismo ojo del huracán, cuando no puedes ir ni alante ni atrás.


Los habitantes de la ciudad invisible viven tras la cascada, en el ojo del huracán.
No sé si es que tienen miedo de mojarse la ropa, o simplemente de ver acercarse la tormenta.

viernes, 2 de julio de 2010

Aquí dentro


Me fijé en sus ojos oscuros, que casi parecían negros; en la sombra de sus pómulos, altos, orgullosos. Observé su pelo, de una mezcla entre indómito y arreglado.

Tenía las manos bonitas y la nariz perfilada, pero lo que más me gustaba era su sonrisa.
Sonreía como si no le importase tener la sonrisa más común de la tierra, como si careciese de valor alguno todo su halo de elegancia y su porte. Sonreía igual que se sonríe cuando a uno lo han pisoteado, cuando estamos a un lado del camino, cubiertos de lodo y, después de amenazar el llanto, sonreímos.
Y es la sonrisa más hermosa del mundo, la que va desnuda, de piel pálida brillando al sol, de rodillas trémulas y manos firmes.

Desnuda es tan hermosa que hace olvidar las naciones y credos, para dejarte tiritando con el rocío de la mañana, al despertar.

"Aquí dentro nunca pasa nada,
y si salgo, todo son amagos de cosas que nunca llegan a suceder"


Que no me da la gana pasar media vida buscando esa droga que tal vez no exista...

Te preguntas tanto que te olvidas de responder.
Y las respuestas se olvidan de ti.

Otro café.
No, no como sola, estoy esperando a alguien.
Otro café.