martes, 7 de septiembre de 2010

Especias.


Dime, ¿de qué están hechas las personas?¿qué nos hace especiales?

lunes, 6 de septiembre de 2010

Colgar los hábitos



Tirar piedras contra tu ventana.
Cantar, hacia dentro, hacia el corazón, ésa canción.
Y sentirse especial.

Decir que yo no amo, que soy dura, de alabastro (las alas).
Morderme la lengua porque se me escapen (al aire, como pompas de jabón, trémulas) los "te quieros".
Y tener un billete y dudar entre dejar escapar el tren o coger la seguridad de un destino de venta anticipada en ventanilla.

Dos maletas a medio (des)hacer.
Y las dos mías.

Tentativas de marchar sin avisar;
a ver quién me echa de menos.

Creer(te) y caer el mismo día.
Y es que la realidad no existe durante la madrugada.
Igual que no existe la gravedad bajo el agua, o el tiempo un domingo.

Debería colgar los hábitos (y costumbres)
con cientos de pinzas de colores.


Regla XXI
"Cumple todas tus promesas"

domingo, 5 de septiembre de 2010

Regla número XX
"Dame un nombre, dame una sonrisa perenne.
Pero que te salga del pecho, de donde nacen los deseos."

sábado, 4 de septiembre de 2010

Bitterness



Estaba resentida por cosas que no tenían ni nombre. Que no es que no supiese qué eran, es que no se podían decir; como los secretos de Primaria, los de los niños. Como los nenúfares, que salen a la luz, con el tiempo.
Eso me enfadaba aún más. De hecho era lo único que me enfadaba: no tener nombre, ni voz, ni voto. No ser ni siquiera una sombra fugitiva.
Sólo silencio, preguntas (trampa) sin respuesta.

Estaba resentida conmigo misma por dejar que me importasen tantas estupideces.
Tanto detalle sin importancia.
Por ser así de mala, de mal educada, de antipática.

Así jamás conseguiría emblema alguno, ni nombre, ni medalla.
(Me fui a dormir por no reír por no llorar)

viernes, 3 de septiembre de 2010

Las hormonas, supongo


De vez en cuando la miraba, y apartaba la mirada; como si hubiese visto algo horrible en ella. Como si esperase encontrar algo mejor que tanta inseguridad, inestabilidad, tanta idiotez vana y simple.
Y ahí estaba ella.
No es que fuese mala, es que, simplemente, no tenía nada bueno (mejor) que ofrecerle (ni a él ni a nadie).
Y ahí estaba ella, sintiéndose estúpida por ser (haber sido) feliz -todo eso de sonreír, sentir...-.
Estúpida por vender su literatura barata, su música cacofónica y su psicología de bolsillo.
No le preocupaba en absoluto su gusto nulo -desde música hueca hasta el tema de estropearse la cara-.
No, lo que le rompía la sonrisa era creer en la estupidez infantil de tener fe absoluta en sus héroes, dragones y princesas; sentir la necesidad de compartir sus sueños, ser tan estúpida, estar tan vacía, que no tener más a que agarrarse que un puñado de letras, cuatro ideas precocinadas y una belleza hedionda de espinas.

Últimamente le preocupaba no tener nada que ofrecer, nada lo suficientemente bueno.
Suficientemente bueno.

Cuando la ilusión se esfuma, quedo yo, temblorosa, débil, pálida, húmeda, sollozando idiota...


Será que me gustaba tanto que cualquier soplo de viento estropeaba la situación.
Será que tenía la lágrima fácil, y los estrógenos por los cielos.



Y siento como si todo fuese una farsa;

un de esas mentiras de-el-momento.

Que se sienten en latidos, y se van extinguiendo.

Que debo recordar,

que sangrar no es amar.

jueves, 2 de septiembre de 2010

La persona que soy



Pensaba dormir en cuanto llegase a casa, pero tengo las libélulas revueltas dentro de la cabeza, en el techo, alrededor.
Simplemente estoy tibia, cálida. La sonrisa trémula en la cara.
Cuando me vuelvo mejor por los demás. Me gusta esa persona.


Felicidades, Sei.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Un abrazo y un beso


Aquí también hace un día gris. Gris, precioso.
Estoy en el salón, con la luz fría colándose por la ventana, y el leve dorado de la lámpara del techo derramándose sobre mi cabeza.
He traído hasta aquí el edredón de mi cama. Y siento calidez en el pecho.
Un abrazo y un beso.


La verdad es que sólo quería decir eso. Que llevo pantalones y calcetines de colores.
Un abrazo y un beso.
(En este caso el orden de los factores sí altera el resultado)