Mostrando entradas con la etiqueta Reglamento de vuelo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reglamento de vuelo. Mostrar todas las entradas

lunes, 29 de abril de 2013

Refreno y cientos

Nieva en Abril,
más mayo que Abril.

La piel se eriza a menudo cuando nieva
en primavera.

Quieres cantar a gritos,
pero no tienes voz después de estos días.
Y tu banda sonora se ha quedado colgada.

Estamos como idiotas mirando la nieve,
con los brotes verdes asomando entre las pestañas.
No va a florecer nada bajo el hielo,
obviamente,
pero ahí están,
para cuando salga por decimoséptima vez el sol.

Hubo un tiempo en que mis veranos parecieron otoños;
ahora las primaveras quieren ser inviernos.
Pero da igual, porque el calor no muere con este frío
si sigue el cielo azul con su refreno.

***

Las piernas inquietas, los ojos pausados.
Corres sin ver, a ciegas.
Piensas tirarte por el primer acantilado,
(no tienes alas, pero da igual, para volar solo se necesita no caer)
porque el futuro no es ahora,
ni quieres que lo sea.
Piensas vivir más, sufrir más, más sábanas activas, menos miradas al techo, blanco, blanco.
Ni siquiera parece que ahí detrás exista un sol y aún así las flores siguen esperando pacientes.

***

Orienta bien tu vida,
no sientas por el pecho, ni por los ojos, ni por la mente;
siente con la piel.
Orienta bien tu vida,
algunos más hacia dentro,
otros más hacia fuera.

Quizás acabes solo y roto, derrumbado,
pero ahí reside la gloria:
conquista cumbres (las tuyas propias), ve y besa, lee, ama o ponte límites, escupe fuego.
Si vives nunca acabarás solo y roto, aunque acabes así. No lo entiendes, da igual.

La vida es esta gran mentira que la gente se esfuerza por descubrir y no es más que el lienzo en blanco de tus decisiones. Si son malas o buenas, que al menos sean tuyas.

***

Resumen de tres días (y cientos)

***

Jugando a despistar, para no tener que mojarse demasiado
en la subida de este río 
(que, como todo, seguro que baja. Pero no nos importa).



*shores of california*
He's been trying with limited success
To get this girl to let him get into her dress
But every time he thinks he's getting close
She threatens death before he gets a chance


And that's the way it is in Minnesota

And that's the way it is in Oklahoma
That's the way it's been since protozoa
First climbed onto the shores of California


And she's been trying with limited success

To get him to turn out the lights and dance
Cause like any girl all she really wants
That fickle little bitch romance
That fickle little bitch romance


And that is why a girl is called a tease

And that is why a guy is called a sleaze
And that's why god made escort agencies
One life to live and mace and GHB


And that's the way it is in Minnesota

And that's the way it is in Oklahoma
That's the way since the animals and noah
First climbed onto the shores of California


Must not be too kind

Stop thinking love is blind
Clench your fists yeah write
"she's just not my type..."


Why all these conflicting specifications

Maybe to prevent overpopulation
All I know is that all around the nation
The girls are crying and the boys are masturbating


And that's the way it is in Minnesota

And that's the way it is in Oklahoma
That's the way Aristophanes and homer
Wrote the Iliad and Lysistrata (not in that order...)


And that's the way it is in Minnesota

And that's the way it is in Oklahoma
That's the way it's been since protozoa
First climbed onto the shores of California


Regla número XVIII
"No hagas planes, solo disfruta"


viernes, 22 de marzo de 2013




Regla número XXVIII
"Hay que ser el Ícaro que vuela hacia el sol,
y no el que cae al mar."









Un billete de ida al Sol.
Solo ida.

viernes, 15 de marzo de 2013

Regla número XXVIII
"Canta en la ducha, y baila desnudo"

jueves, 28 de febrero de 2013

Regla número XXVII
"Nunca des una opinión negativa a una mujer sobre algo sobre lo que no te ha consultado. 
Y, aunque lo haya hecho, probablemente no quiera escuchar esa opinión; lo más seguro es que solo quiera algo bonito"


PD. Sea como sea, ellas siempre ganan.

miércoles, 27 de febrero de 2013

No llueve

No llueve,
nieva.



Y es
de dentro afuera.







Regla número XXVI
"Cuanto más duro es el esfuerzo 
mayor es la gloria"

sábado, 16 de febrero de 2013

Detalles


Regla número XXV
"La vida la conforman las pequeñas decisiones,
no pienses a lo grande"



viernes, 19 de noviembre de 2010

Y puede que de ti.


He despertado antes que el sol.
Hablábamos los dos. Y puede que de ti.


Porque en mi colchón puedo jugar a encontrarte,
aun sabiendo que hace mucho se perdió tu olor entre mi pelo,
enredado en la clavícula,
hecho un ovillo sobre el pecho.

Y si supieras las veces que te invoco...
Antes hubiese dicho que, si lo supieras, no me dejarías nunca.
Pero es que hoy me he hecho mayor,
que no madura, sólo vieja. Desgastada.
Así que diré que si lo supieras callarías, haciéndome sangrar en silencio,
para que no seas capaz de ver la herida
(curarme con tus manos).

Hoy era día de acogerse a la norma LVIII.
Y ya que puedo permitirme olvidar cosas (asuntos de la edad),
olvidaré qué dije.
Para descansar, con la la cabeza entre dos palabras (las que no me atrevo a decirte),
en el valle,
de los avasallados.

Regla número XXIII
"Por que no (te diré que) amo, porque me asusta amar(te)"

sábado, 6 de noviembre de 2010

Regla XXII
"Siempre que nos separemos, será para reencontrarnos después"

lunes, 6 de septiembre de 2010

Colgar los hábitos



Tirar piedras contra tu ventana.
Cantar, hacia dentro, hacia el corazón, ésa canción.
Y sentirse especial.

Decir que yo no amo, que soy dura, de alabastro (las alas).
Morderme la lengua porque se me escapen (al aire, como pompas de jabón, trémulas) los "te quieros".
Y tener un billete y dudar entre dejar escapar el tren o coger la seguridad de un destino de venta anticipada en ventanilla.

Dos maletas a medio (des)hacer.
Y las dos mías.

Tentativas de marchar sin avisar;
a ver quién me echa de menos.

Creer(te) y caer el mismo día.
Y es que la realidad no existe durante la madrugada.
Igual que no existe la gravedad bajo el agua, o el tiempo un domingo.

Debería colgar los hábitos (y costumbres)
con cientos de pinzas de colores.


Regla XXI
"Cumple todas tus promesas"

domingo, 5 de septiembre de 2010

Regla número XX
"Dame un nombre, dame una sonrisa perenne.
Pero que te salga del pecho, de donde nacen los deseos."

domingo, 25 de octubre de 2009

LordNieve



Le pasa, a Lord Nieve, que ve correr el tiempo. Y sé que no olvida los paseos en la estación de trenes. Sé que no olvida haberme visto llorar; las promesas rotas y las veces que llego tarde.

Ni los malos principios, los mejores.
Él no sabe que yo no olvido que, el primer día, no supe si era Yuki o Iurgi, pero recordaba que era un mago. El mago.
No sabe que gracias a su título, que hice mío, cuando voy sola por la calle, veo moverse los tejados y bailar las farolas.

Que siempre ha volado. Siempre.
Y somos la misma cara de monedas diferentes.

Porque nos necesitamos juntos, siendo todos cada uno.
Como cantar la canción de los mosqueperros.
Y cuando bebes de más, y me río.
Y cuando dices quién tiene morbo y quien no, y nos reímos.
Porque somos tan diferentes que ahora somos iguales.

Señor de la nieve, del invierno.
De venir a mi casa los domingos (a ver si vienes, ¿fecha? Noviembre, pos-evaluaciones).
Películas (The libertine, por supuesto).

Café con baileys.
Todo viene y se va.
Vamos a profanar tumbas en calidad HD.
A emborracharnos de luz.

Ahí tienes Yu.



Regla número XXIV
"Que veas a alguien sonreír no quiere decir, ni de lejos, que realmente lo esté haciendo"
(Yuki)

Regla número XIX
"Lo que en Octubre empieza, en Octubre debe terminar"
Sí, con mayúsculas.

jueves, 19 de febrero de 2009

take-it-in-a-count




Regla número XVIII
"En cuanto dejas de contar salen los cálculos"




jueves, 29 de enero de 2009

The art of self-destruction


Tú sabes de lo que hablo cuando te digo eso de que ver dos espaldas desnudas, a la calidez de un edredón, en febrero, me producía un ataque de lágrimas tibias.
Cuando te cuento que hay días en los que jamás supo tan bien la suavidad de un beso.
Sabes lo que es.
Y la rabia que se acumula en la garganta cuando algo sale mal, la angustia que se mece sobre nuestras rodillas si se enreda la palabra y me enfado, y me enfado. Entonces corro, y a los tres minutos, a los cinco pasos, ya me he arrepentido, de espaldas al sol.

Y supongo que intuyes cuando te hablo del arte de la destrucción. Del olor de un campo de fresas eterno, surcando el cielo en primavera.
Hablo de esos días de castigos y pensamientos. Hablo de tortura y el arte del suicidio.
Cuando todo escapa del crítico control, sin darme apenas cuenta, cuando caigo en mi propia trampa y soy absorbida por el remolino. Y juro y perjuro, ensuciando mi palabra.

Cuando me siento insegura, y sé que mi fe es débil. Y sé que mis manos no tienen la fuerza suficiente para sujetarme-nos.
Entonces me pongo a elaborar reglas estúpidas, que te encierren en un mundo de tizas de colores.
Un mundo que sólo recuerdo yo. Y apenas.


Regla número XVI
"Si quieres ganarte a un chico, gánate primero a todas las amigas de su novia [y a su novia después]"

lunes, 26 de enero de 2009

Escaleras


"Y si fuera,
mi vida una escalera,
me la he pasado entera
buscando el siguiente escalón.
Convencido que estás en el tejado,
esperando a ver si llego yo."








Regla número XV

"Los sueños, sueños son"

domingo, 25 de enero de 2009

Quería tu sonrisa para mí

Quería guardar tu olor para cuando llegase el fin del mundo.
Y conservar tu voz hasta perder incluso mi nombre.
Quería tu sonrisa para mí.
Y llegué tarde a mi nacimiento, y pronto al funeral.
Quería tu forma de mirar, tu forma de no-saber-mentir.

A ti.
Quería tu piel, tus manos y tu alma.

Y conociéndome te rompí.

Quería ser, no suficiente, quería serlo todo.
Y no alcanzaba ni a la primera nube que besa al cielo cuando amanece (y aún no lo hago).

Por eso, no es que no pudiera perdonar[me] (siempre -me, mi, conmigo, porque el mundo se centrifugaba en MI cabeza), es que sé mirar a otro lado cuando hay sitio para respirar, cuando hay sitio para no oir nada.

Hay cosas que no estoy hecha para soportar. Una de ellas es a mí. Ni mi peso, ni mi mente. Nada. Es como el agua encerrada en el agua.

De par-en-par. Como los ojos, y las sal y la pimienta, las ventanas y las puertas.
Nacemos para necesitar estar juntos. Y nunca nadie se atreve a decir que suele importar poco la pareja.
Y es que, si lo sé, es porque yo también soy un humano corrompido, que sueño y me retuerzo.

Pero vuelve a suceder que la justicia se va de putas.
Y por ser tú, te tocan TUS problemas, tus flojeras y tus fallos.

Los MIOS los conozco de sobra, me arropan cada noche.

Si tú fueses YO, sería diferente.
Probablemente YO sería más feliz, aunque en ese momento YO sería TÚ.



Regla número XIV
"Una chica, a menudo se enfadará por lo que no hiciste o dijiste, no por algo que hayas hecho"

e x c l u s i v i d a d .
como si yo mereciera algo u n i c o en el mundo.

jueves, 22 de enero de 2009

Inventé la alquimia contra la utopía


Se me descompone la sonrisa en lo que dura un estremecimiento de neuronas.
Se pierden las frases buenas que guardaba para "ése momento". Como casi siempre.
Es el miedo que muerde la nariz, que abraza, y está frío.
Se me escapa el poder absoluto entre los dedos, y descubro que el suelo tiembla, pero el cielo se deshace.
Huye la palabra, y queda el sentimiento, la certeza. Los hechos.
Pesados, sobre mí, sobre todos.

Son cosas que yo diría, incluso más cruelmente... Es solo que yo no soy tú, y por eso es diferente.

Qué tontería, si sólo son dos pronombres.

"Te conseguí la luz del sol a media noche...
Inventé la alquimia contra la utopía."


Regla número XIII
"Las tardes de café con baileys deben celebrarse únicamente cuando aún es de día"

martes, 18 de noviembre de 2008

Close your eyes



Cierra los ojos.
El calor, el aliento, la voz.

Cierra los ojos.

Cogiste mi rostro entre tus manos y me diste un poco de tu calor. Me prestaste el sabor de tus labios, dejando tibias las almohadas; rompiendo con tu fuego la escacha de mis pestañas.
Y me has enseñado a hacer que los días salten y den volteretas hasta lograr que se abracen los treses y los ochos.

Y, cuando ya no me queda nada más que decir, apareces tú para robarme las palabras.

Te pones la chaqueta, te calzas los zapatos y te despides tres veces. Te marchas una y te quedas dos. E intentas enseñarme sabiendo que a mi edad ya no se aprende a jugar limpio, sabiendo que si hago trampas, es por ganar, y no por la partida.

Todo sabe a calor, porque voy a ir sacando las luces de navidad, para alumbrar mi cama por las noches.
Y así poder jugar a encontrarte entre las sombras de mi almohada y la pared.

Y así tener alguien con quien hablar cuando te hayas ido a matar princesas y besar dragones que se conviertan en estrellas titilantes en el cielo.

Y así tener alguien a quien contarle que, cuando hace tanto frío que no tengo aliento, sonrío.

...Y mientras, la nieve, se derrite de envidia en mi ventana, porque tú estás dentro y, por primera vez, ella fuera...

Regla número XI
"Puedes saber cómo es una persona dependiendo del sabor de radical que beba"

jueves, 13 de noviembre de 2008

Sand Seller

El vendedor de arena llegó una tarde de Octubre. Cuando los meses aún se escribían con mayúsculas. Desde la plaza del pueblo hasta la última lápida del cementerio lo acompañó el rumor de un mar que yo sólo había visto en las películas de los sábados por la tarde, los días de verano en los que la antena se dignaba a mostrar una secuencia de fotogramas inconexos doblados por el ruido blanco de un televisor que sólo deseaba la eutanasia, tras servir a tres generaciones seguidas.

El vendedor de arena se presenció en la puerta de la iglesia y, sin llegar a entrar, dejó a modo de ofrenda tres pequeños sacos de tela.
Recorrió todas las calles -que eran pocas-, sembrando la arena a su paso.
Yo lo recuerdo bien, porque era pequeña y aquella fue la primera vez que escuché el mar, cuando llamó a nuestra puerta hablando en aquel idioma desconocido. La primera vez que olí la sal, tan pegada a su piel que sus poros exhalaban océano. La primera vez que vi su color, ése azul verdoso, oscuro; en sus ojos.
Era el vendedor de arena.



Treinta y tres otoños después, no quedaba nadie para recordar su llegada al pueblo. Incluso mis propios recuerdos comenzaron a volverse trémulos. Sin embargo, aquella despedida, la única vez que el vendedor de arena habló mi idioma. ¿Cómo poder dudar de la veracidad de ese sueño?

El aire sólo parecía acariciarlo a él. Y la lluvia, por el contrario, no lo tocaba.
Porque él era el vendedor de arena: señor de los océanos y el viento, padre de la tormenta.
Durante su corta estancia en el pueblo no pasó un día sin que le rogara a dios para que aquel hombre me llevara con él.
El día en que le vi despedirse de la última baldosa de la ciudad, corrí hasta alcanzarle y le dije:
"Llévame contigo".
Él me miró un instante, quizá viéndome por primera vez. Luego evaluó la situación y, de no haber sido porque yo estaba segura de que no podía entenderme, hubiera pensado que consideró mi propuesta.
Sin embargo a mí la lluvia sí me mojaba.
No se acercó a mí; él nunca daba un paso atrás. Pero agachó la cabeza, depositó una de sus misteriosas bolsas en el suelo y, mirándome desde su profundo mar del sur se despidió, con su voz de marea y su piel de piedra cálcica:
"Adiós, tormeta".

...
"Adiós, papá"



***
Hoy estoy feliz. Me duele la cabeza, Napoleón me espera en la cama, hablándome de sus derrotas y sus ideales, el sabor de las pastillas besa mis labios; pero hoy estoy feliz.

Y me ha animado una canción intoxicada; que si ella se cree intocable por venenosa, yo me creo invencible por lamerla por el dorso.

"...No creas que no agradezco,
lo que tú has hecho por mí.
Porque ello, me ha hecho feliz..."


Regla número X
"Hacer justicia significa pasarse al lado del mal, ése que siempre sabe a gominola"

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Silent awake in your name


Vestida únicamente con la chaqueta de lana y unos calcetines largos, recorro, en la mañana, la habitación. Con cuidado de no despertarte, con cuidado de no pisar la tabla número catorce: la suelta; ni la número ochenta y cinco B: la que cruje sólo a veces.
Descorro las cortinas para ver cómo nos hemos perdido el amanecer, hablando de cosas que mañana yo reinventaré, y tu no recordarás.
Busco, con los dedos, el interruptor de una luz que sé que no prenderé, para no despertarte; y que despiertes solo, mientras te miro.
Me dejo caer sobre la butaca, dejo que ésta me abrace. Y me pregunto cuánto tiempo aguantaré en este mundo, o cuanto tiempo me aguantará el mundo a mí. Me pregunto cuánto me echarán de menos, cuánto te echaré de menos yo a ti. Me pregunto cuántos amaneceres más nos perderemos, y cuanto tiempo esperaré a que llueva para encontrarme contigo y darte un beso.
Despiertas y me sorprendes fuera de mi posición, rompiendo el momento.
Crees que lloro, y te equivocas; pero me gusta tu miedo. Porque te levantas para responder a todas las preguntas que no poseen respuesta. Porque puedo escuchar tu alivio rozando las sábanas, juguetón, al comprobar que estoy bien, que el orden del cosmos continúa caótico y que mañana amanecerá de nuevo -y nos lo volveremos a perder-.
Volvemos pisando la tabla ochenta y cinco B primero, la catorce después.


Aún hay tiempo para el próximo amanecer, podemos esperarlo hasta quedarnos dormidos.

- ¿Qué ha sido eso?
- Ah, sí! Me olvidaba del fin del mundo.

Regla número IX
"El orden de las reglas no altera el resultado"

domingo, 9 de noviembre de 2008

Ya deberías saber


Ya deberías saber que se me ha olvidado sumar.
Pero resto con los dedos.
Por eso están contados los minutos;
que cuando llego a veinte, me pierdo.

Ya deberías intuir que, cuando hablo finjo,
y cuando no digo nada, es porque estoy contando.

Deberías ser consciente de que nunca pierdo a cabezonería.
De que rompo las normas, y te miro.
Para observar tu reacción, y tirar de ti,
hasta que te rompas tú.

Y repararte a besos.

Deberías haber aprendido que el mundo gira según yo quiera,
y que esas leyes universales son irrevocables.
Que siempre andos tres pasos por delante,
para tener tiempo de levantarme al caer.

Y jurar que no he tropezado, que no me ha dolido.
Que no he llorado.

Aprende[me] que todo lo que digo está trucado,
que las verdades son falsas,
y mis mentiras siempre tienen relente de verdad.

Has de saber que, a veces, cuando te miro, a veces me entran ganas de llorar.
Y no me quedan dedos para contarte que no son lágrimas de las que duelen.

Que sé hablar con las margaritas y cantar sola,
invocando a la tormenta.

Y si tiemblo con la música, es que me recuerda a ti.
Y no a la inversa.

Que soy feliz, desde que los segundos que cuento,
son los que faltan para que llegues tú.

- Es curiosa la mala memoria que tenemos para unas cosas... y no para otras.
- No sé de qué me hablas.


Regla número VIII

"Cuando una chica dice "me da igual", significa que le importa... y mucho"