sábado, 16 de octubre de 2010

Hasta que me duele y me arde toda la cara


No te dediques a pensar en nada que hayas podido ver o vivir.
Pregúntame, que tengo la respuesta preparada.
Pero al final va a dar igual.
Porque esto es un tira y afloja. Y tengo tan poca fuerza, y tú tan mal gusto, que no me llegas a convencer, y sólo pierdo cuanto antes tenía entre las manos. Que de pronto ya no me gusta nada.

Aprieto las mandíbulas hasta que me duele y me arde toda la cara.
De pronto ya no me gusta nada. Y nada nuevo llena esos vacíos.
Por eso tengo que evitar los espejos, apretar las mandíbulas, fuerte hasta que me duela y me arda la cara.
El ceño, de tanto fruncirlo para evitar llorar.
De pronto tampoco me gusta.

Miro al pasado como si no quisiese tener un futuro.
Miro de reojo. No porque importe lo que opinen los demás (que también), sino para ver si ellos saben algo de lo que estaba bien o mal.

domingo, 10 de octubre de 2010

(White)Sunday


De esos domingos blancos de los que hablaba en un tiempo que se me antoja tan tan lejano que está pintado del color de los sueños etílicos de sábados cortos por la noche. Cuando empieza a hacer frío.
Es Octubre, ¿no te lo había dicho?¿no te habías dado cuenta?
Con ese cielo que nunca miras el tiempo suficiente como para darte cuenta de que, extrañamente, no es azul. Con esa luz, de un tono parecido al que yo enredé a mi cama; que ahora se ha vuelto dorada, brillante.
Y es que paso dos días aquí, y no reconozco mi casa, mi cama (que siguen igual que siempre), pero es como si llevase toda mi existencia festiva contigo. Como si antes de eso no hubiese más que una leyenda de mi existencia, el recuerdo de algo que no siento real.
Cuentos de hadas de cuando eras pequeño. Y la sensación de crecer, crecer en invierno, con ese medio-frío mordiendo la punta de los dedos. Y las bufandas de lana, de colores, asomando un poco fuera del cajón, saludando.

Es un mes de llorar, sola.
Es un mes de esos que pasan rápido y más en la cama que en la calle. Recordando.
Creyendo que no echas de menos, durmiendo más sola que nunca.

Y volveré cuando acabemos Octubre. Cuando lo gastemos tanto, que tengamos que esperar un año más.

No se siente tanto como en Octubre, tan adentro, tan en el tuétano del alma, si es que nos queda de eso.

viernes, 8 de octubre de 2010

Bonita

- Que sonrisa tan bonita.
- Tú sí que eres bonita.
-Tu sí que me haces bonita.


Y aunque fuese un error me quedé con ganas de decir(te)lo.
Dormir con una sonrisa. Sintiéndome menos mía.

martes, 5 de octubre de 2010

October's wrath





A veces simplemente quiero que me des la puta razón.











Y no es por saber que estoy en lo cierto,
es por sentir que me entiendes. Me compartes.

lunes, 4 de octubre de 2010

Que casi-viven conmigo


Miro a la pantalla como una idiota.
Espero algo de ti. Incluso una despedida de esas nocturnas, que me hacen sentirme insomne como antes. Pero casi te puedo ver, despierto, frente a la pantalla, con esa cara de bobo que se te pone. Concentrado.
En nuestro lienzo en blanco dibujo mis palabras, las tuyas.
Bueno, ya sabes, no es que seas tú; es un poco todo.
Que tengo la locura aún húmeda y me siento pesada.
También me siento en pánico, ¿sabes? hoy casi me echo a llorar pensando en el futuro (sí, sí, sé bien que hacer planes es falta de las que descalifican). Y es que pensé que cómo iba esto a sobrevivir más de dos semanas si no somos capaces de encender una vela en forma de oración cada noche. Por eso de que yo soplo y soplo. Y tu casita de enclenques paredes de paja no cede.
Estamos tan lejos.
Aunque no sea tanto.
Hablo de vidas.
La mía, la tuya y la del vecino.
Al que, cada día, al escucharle salir y entrar, despido y saludo muy bajito.
Que casi-viven
conmigo.

domingo, 3 de octubre de 2010

Cuando sea capaz


Me dice que hace planes de futuro. Me hace sonreír. Creo, pienso, que ella también sonríe al otro lado. No lo sé, pero lo imagino.
Y evoco para mí ese sentimiento suyo. La calidez del pecho al recibir una llamada. Una que diga: "Chica... ¿por qué no estás aquí?"
Que te besen la nuca.
Y es que en cuanto mi casa se queda vacía comienzo a reflejarme en los espejos.
Y nunca he sido mi mejor compañía.
No derrocho esas palabras que siempre tengo ganas de decir(te). Para sentirme orgullosa cuando sea capaz de hablar. Y asentir.
Siendo consciente de todo lo que me rodea.
Cuando sea capaz. Cuando tú lo necesites tanto como yo.
Y no cuelgue sobre nuestras cabezas ninguna espada que de miedo. Ni mi voz.


-Echo de menos tu cama.
-Yo te echo de menos a ti.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Still Alive



Uno no vive en la ciudad en la que reside. No vive en un piso, un apartamento o un portal con su numerito de bronce perfectamente alzado sobre nuestras cabezas.
Tu vida no es un lugar concreto.
La vida está en un trayecto al trabajo que recorremos cada día, en personas y costumbres.
El problema es que no nos damos cuenta de que nuestra vida es un sofá, o un café, o unas escaleras de Correos; una pizza los viernes, hablar todas las noches con la misma persona...
No vives un marido o unos padres o unos hijos o un perro.
Vives un abrazo o un desdén, acostarte a kilómetros en una misma cama de matrimonio, sexo, disculpas, despedidas, decepciones, logros, caricias.
Y no, no tienes un empleo, tienes un montón de lápices (algunos con punta, otros esperando el turno de esa máquina que hay anclada a la mesa y tan punzantes los deja), tienes una pantalla vieja de ordenador, unos zapatos de tacón que te matan, unos recipientes de cristal, un delantal, unos guantes.
Por supuesto, no, no caminas, haces ecos en el suelo. Porque caminar es como si diese igual hacerlo sobre madera o moqueta. Y no, tu pisas madera, y linóleo, pisas tierra.

Porque uno vive sin darse cuenta. Y se da cuenta de todas las cosas muertas.
Vives en un cementerio de aciertos, en un campo de equívocos.
Como andar en sentido contrario. Como cruzar la calle con los ojos tapados.

Porque uno esta vivo en todo aquello que, precisamente, nunca ve.


- ¿Esas flores que sobreviven al invierno, aunque sólo sea durante unos días? Pues esas flores saben que vivir no consiste en respirar, alimentarse y reproducirse. Ni en llevar traje y ganar dinero. Ni en besar o amar. Ni en llorar y gritar.
Consiste en tu imagen en el espejo y hacer escapadas al cine.
En la cara del que es amado, y no puede evitar amar(te).
En el sabor de las lágrimas y esa sensación áspera y pesada en la garganta.
- ¿Por eso sobreviven un poco más?
- No, lo hacen porque el destino es cruel.