lunes, 22 de noviembre de 2010

HardTimes



Me siento lejos, que no sola.
Tú sabes de lo que hablo. Es estar rodeada de gente y no ser feliz.
Que siempre algo falla; y eres tú.
Lejos para sentir el calor, para ver con claridad.

Que quiero que me agobien,
que me busquen tanto que sean capaz de encontrar cada centímetro de mi piel.

Y mirar la pantalla, y pensar en él.
Que se te cierran los ojos con fuerza, porque no quieres ver más este mundo, pertenecer a él.

Y yo, no sé muy bien porqué, cada día al despertar miro mi teléfono, esperando tener algo que leer de ti.
No quieres pertenecer. No quieres estar.
Tienes ganas de que te saquen de ahí, de que te extirpen del tiempo y el lugar; de ti misma.
Y que sea otra tú la que tenga que vivir, que a ti no te apetece.

Te levantas porque la otra opción es quedarte en la cama para siempre.
Que si no lo haces ahora, no lo harás nunca.


Por eso tú no te das cuenta, pero yo lo noto todo.
...mientras duele.

Ice


Como cuando te despiertas cubierta de escarcha...
y no te acaricio por miedo a romperte.


Como las alas de las libélulas.

Y has de saber que no se trata así a las chicas,
que debes tocarlas como si se fuesen a desvanecer,
y has de temerlas como si fuesen el aire de la tormenta.

domingo, 21 de noviembre de 2010

La fe del asesino



Sonrió pensando que su final no podía ser de otra forma.
Sólo con ver el porte del caballo que galopaba frenéticamente hacia él supo quién se ocultaba tras la capucha y el arco, tenso, en su dirección.
No sintió el primer impacto, en el hombro derecho, justo bajo la clavícula; su mente estaba ocupada en el vaivén del cuerpo del jinete, en sus piernas flacas apretadas con fuerza contra los costados de aquella yegua zaina.
La segunda flecha mordió su muslo derecho, haciéndolo caer de rodillas, y sin embargo él sintió como si le hubieran atravesado el pecho.
Para entonces el jinete ya lo había pasado, situándose a su espalda.
Eryo ni siquiera necesitó volverse.
- Siempre supe que tú acabarías conmigo -murmuró mirando al frente, más allá de las pisadas de las herraduras sobre el barro, más allá de la torre de vigilancia; más allá incluso de las montañas tras las que el sol se había comenzado a poner.
Aracne puso el filo de un puñal sobre su cuello. El aroma de su pelo, junto con el de la sangre le inundó los pulmones. Apretó con fuerza su mejilla contra la de Eryo.
- Tú destrozaste mi vida.
Sintió de pronto cómo Eryo presionaba el puñal contra su cuello y la sangre, cálida, le recorría las manos. Dejó caer el puñal. Y Eryo sonrió para ella una última vez.
A lo lejos ya se podían escuchar los aullidos de los lobos.
Y la nieve comenzó a caer.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Our time


Nunca he entendido el concepto del tiempo.
La duración de las relaciones personales.
Claro, que es normal.
¿Cómo hablar de cuándo acaba esto, si aún no estoy segura de si empezó?

Y veo cómo se desmoronan los años ajenos a mi alrededor.
Me pregunto dónde las personas aman con la templanza aquella que dura años.
Me pregunto dónde se siente eso de libros y películas. Si existe.
Dónde.
Por eso siempre miro el reloj, y sonrío, sumándole un minuto a la partida.
Porque, ya sabes, en 21 días se produce la reprogramación cerebral.
Y te olvidas de mí.
21, uno por cada gramo de alma perdida.

Dónde nuestra historia acaba.
Dónde, el límite de páginas.

Si todo acaba tan tan rápido, que apenas se puede parpadear,
quién me asegura que yo soy una persona de esas que comparten sus años.
Que soy egoísta y mi tiempo se quema del roce.
Y de las cenizas frías, amor, nada hay que rescatar.


Ascuas húmedas.
Restos esparcidos por el viento.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Y puede que de ti.


He despertado antes que el sol.
Hablábamos los dos. Y puede que de ti.


Porque en mi colchón puedo jugar a encontrarte,
aun sabiendo que hace mucho se perdió tu olor entre mi pelo,
enredado en la clavícula,
hecho un ovillo sobre el pecho.

Y si supieras las veces que te invoco...
Antes hubiese dicho que, si lo supieras, no me dejarías nunca.
Pero es que hoy me he hecho mayor,
que no madura, sólo vieja. Desgastada.
Así que diré que si lo supieras callarías, haciéndome sangrar en silencio,
para que no seas capaz de ver la herida
(curarme con tus manos).

Hoy era día de acogerse a la norma LVIII.
Y ya que puedo permitirme olvidar cosas (asuntos de la edad),
olvidaré qué dije.
Para descansar, con la la cabeza entre dos palabras (las que no me atrevo a decirte),
en el valle,
de los avasallados.

Regla número XXIII
"Por que no (te diré que) amo, porque me asusta amar(te)"

martes, 16 de noviembre de 2010

University time


El colchón, medio hundido, cede bajo nuestro peso. Hablamos de forma relajada, desgastando las horas como se van consumiendo las ascuas, lentamente, sin prisa.
Hemos gastado la mitad de los temas de conversación, pero no nos importa repetir siempre lo mismo, creo que nos gusta el sabor de nuestras anécdotas; el saber que nos acercan un poco más.
Después del sexo, tocan las drogas.
Y J. nos habla de lo malo que es realmente el alcohol, dice:
- De verdad, yo es que prefiero colocarme con un porro que emborracharme.
Niego con la cabeza inhalando el olor del humo que flota en el ambiente.
- No sé, depende del rollo que te traigas; quiero decir que, para salir de fiesta, yo prefiero a alguien borracho que fumando... No sé, la maría hace como que estés ausente; más bien lejos.
Ahora es J. el que asiente, con su cigarro a medio consumir entre los dedos. Y ríe.
- Sí, yo una vez conseguí deshacerme así de una chica. Yo me había fumado un porro de marihuana entero y no hacía más que reírme, y ella preguntaba "¿Y esto te va a durar mucho?". Al final se fue.
Nos reímos.
El colchón que hace de sofá se hunde más y más. Fuera hace un frío de esos de diciembre de nochebuena.
Y pienso que la anécdota casi puedo hasta palparla.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Value



No todo era un día a día de luz fría y dorada.
A veces sentía cómo mi existencia tenía el mismo valor que un videojuego, tu droga o una noche de fiesta, para ti.

Y ya no tenía que competir con los fantasmas de las chicas que te quisieron (que yo no me atrevía a decírtelo); tenía que luchar contra ti mismo. Para ver si así me querías más/bien.