sábado, 7 de abril de 2012

Este cielo gris


Es el otoño de abril.
En verdad es sólo el cielo, este cielo gris;
que se come el tiempo, que se come las tardes de un jueves cualquiera como si fuesen domingos.

Es la ausencia,
es el miedo.

Pensar que siempre hay alguien mejor ahí fuera.
Es terrorífico,
es agotador.

En verdad es sólo el cielo, este cielo gris.

A veces,
medio en serio medio en broma;
medio sueño medio premonición,
pienso en ti, lejos;
o en el camino que hay, por todas partes.

Medio en serio medio en broma parece que se asoma el sol.
Pero en verdad es todo cielo, este cielo gris.

Que hace media vida
(más o menos)
yo sólo quería que no cambiase nunca nada más.
Y ahora vivo dormida en una hamaca temporal,
feliz, quieta, tumbada,
mirando el cielo que se mantiene estático, gris.

Estamos bajo el agua y no lo sabemos.
El agua gris, quieta, nos oculta en sus profundidades.

En verdad es sólo el cielo, esta pecera gris.

domingo, 18 de marzo de 2012

Survivor




Hace frío aquí dentro.



A veces siento como si no quedara más camino.
Como si lo hubiésemos quemado todo, para calentarnos una de esas noches de verano,
en cualquier playa del norte.

Y en el recuerdo, que últimamente es más como un sueño del que duele despertar,
sólo recuerdo el frío y la euforia del sol, como un balanceo frenético, que pasó demasiado rápido, y no dejó señal alguna.

Ultimamente mi mente gana a la carne, al corazón bombeante. Y tiene la fuerza de doler, aquí, en coordenada X, como el tesoro de un pirata.
Y ya (que nos hemos hecho mayores), en lugar de pensar en cuentos, pensamos en desiertos, que hacen que nos duela la cabeza al acostar.

Nos hacemos mayores, y sólo me quedan miedos y recuerdos.



miércoles, 14 de marzo de 2012

Tiempositivo

A veces pienso que la parte de mí que sentía la necesidad vital de escribir para no tener que vivir se fue con la persona que fui, con la persona que siempre quiso ser la persona que soy.

Y aún así lo echo de menos
como sólo se puede echar de menos aquello que dolió;
tanto que ni siquiera recordamos lo mucho que fue,
y en su lugar nos queda una melancolía en el pecho
que nos hace pensar que nada volverá a ser tan bueno
(como nunca lo fue).

Es como si la luz blanca de todos los amaneceres sólo hubiese existido en el pasado.
Como si el viento y los atardeceres de oro fuesen perceptibles siempre cuando ya se han ido.

A veces siento que el tiempo se escapa.
Y entonces, de pronto, amanece en la misma cama, te giras, me das un beso.
Y de qué hablabamos, ¿del tiempo?

martes, 13 de marzo de 2012

Cuando éramos niños...

miércoles, 22 de febrero de 2012

Vetusta


Gritas al aire de la tormenta, quieto.

Y notas la electricidad de la tierra seca,
de las hierbas que extienden sus brazos hacia el cielo,
suplicando.
El cielo es gris, y parece sólo para ti.

Tardes de febrero que quisieran ser veranos.
Sol que inunda la piedra.

Miedos que quitan la voz.
Rabia que burbujea.

Y el cielo parece solo para ti.
Y la piedra se ha vestido de oro,
hoy, como hace cientos de años,
la misma piedra gris.

Me gustaría vivir en estas tardes para siempre

martes, 14 de febrero de 2012

Como que nunca estuvo.


Si fuésemos Caín y Abel
de qué color amanecería esta noche.

Si fuésemos reflejo y enamorado
de quién el agua del río.

Capa y espada,
y puñaladas.

Si hubiésemos perdido la carrera
antes de empezar el juego.

Si fuese tan fácil
que las normas estuvieran sólo para distraer.

No aprendes a olvidar,
aprendes a vivir con ello,
haciendo como que no está.
Como que nunca estuvo.


domingo, 29 de enero de 2012

Domingos antiguos


Más domingo que nunca.
Sube por la columna el olor a magdalenas haciéndose en el horno.
Pero el horno sigue vacío. Igual que ha dejado de nevar el día de navidad, como pasaba siempre hace años.
Igual que hace tanto que no tomo ese camino de vuelta a casa, y entro por la otra puerta del portal.

Si lloviese, si nevase, si hubiese magdalenas en el horno...

Tengo frío, pero no el frío de enero; el viejo frío de los octubres pasados.

Pena, pesada, que se hunde, dejando pequeñas burbujas en la superficie.
Se hunde, en las sombras de un domingo.
Pesada.

Si hubiese magdalenas en el horno
podríamos fingir que tenemos otra vez ocho años,
y no nos importa lo que tenga que venir,
quien nos ha de amar y porqué lloraremos.


Si hubiese magdalenas en el horno,
los domingos antiguos no existirían.



En estos domingos siento que no hay lugar en el mundo
en el que el viento no lacere.
Lugar en el mundo para mí.
Ser indispensable. Já.
Solo porque el cielo no sea del color de mis ojos
no significa que no me quiera.

Ofrecerle sacrificios al sol,
y que el sol siga impasible, ahí arriba, como siempre.
Ofrecerle sacrificios por miedo a que un día se apague.
Ofrecerle sacrificios para que siga igual de impasible y ajeno a nuestro dolor.
Ofrecerle sacrificios, y llorar.
Y llorar, porque calienta, pero está tan lejos...