domingo, 27 de abril de 2014

*

Un año de magia,
de luz de mañana.
De mi vida como una película.
Un año acercándonos,
un año cercándonos.
Vallando nuestro mundo,
para hacer algo mejor
que lo de ahí fuera.

Un año de magia.


martes, 15 de abril de 2014

ready

Eres la persona que nadie conoce.
Eres el personaje que todos creen, por el día, en la superficie.
Eres, para todos los demás, máscara y misterio.

Para mí, que te he visto en todas tus formas de dormir,
de enfadarte,
de abrirte,
en canal o como puerta que invita a entrar.
Que te he visto a través del agua, del sol, de las noches que duelen...
Para mí, que te veo allí donde tú no llegas a mirarte,
no tienes secretos.

Y puede que tú, con ese odio a los espejos,
seas quien menos sabe quién eres.
Porque para todos los demás eres el que ataca, el que siempre dice, el que no entienden.
Todo porque no saben que eres el atacado, el que calla, el que entiende de todo lo que no sea él.

Eres la persona que ve a los que están heridos
y lo deja todo para darles su vida
(que seguro que ellos saben mejor en qué empeñarla, piensas).
Eres el que se siente siempre culpable de todo,
después de los cinco minutos de silencio
en los que reflexionas
sobre lo que antes, el miedo a sentirte otra vez culpable,
no te había dejado reflexionar.
Eres el que no puede cambiar el pasado
que te hizo así (herido)
y ahora luchas con uñas y dientes
porque nadie tenga de presente lo que tú
tuviste en tu infancia
nunca lo suficientemente lejana.

Eres al que señalaron tantas veces
y tantas hirieron
que tiene la piedra delante de la primera sonrisa
que tanto merece la pena.

Eres la persona que me acogió,
la persona que, sin pedir nada a cambio,
me ofreció hueco cuando realmente pensaba
que no podía darme nada más
que el dolor que sentía
constantemente.

are you ready for me?

Y me dio tanto que, viviendo entre sus brazos,
conocí a la persona que aún latía
bajo los escombros
de cientos de heridos
que quisieron culparlo
de sus propios pasos en falso.

Eres el escudo de los débiles,
incluso de los apedreados
por malvados.
Y como buen escudo
siempre recibes todos los hachazos,
flechazos.

Eres la persona que más siente
y la que más insensible creen todos.
Eres la persona que más culpa carga
y jamás se doblega.
Por eso siempre te culpan de carencia
en lo que son todos tus excesos.
Por esa manía tuya
del silencio.
Que hace de tu interior una cruz
que pesa,
y nadie conoce
y nadie comparte.

Porque nadie te ha visto por dentro,
en tus rincones de niño roto
en tus cajones llenos de puñados y puñetazos
de culpa y culpa.
De pensar, como el héroe que jamás admitirás ser,
que pudiste, no, que debiste hacer algo (más),
hacerlo (mejor).

Pero pasas en silencio,
y gritas lo contrario a lo que llevas dentro.
Porque, de lo de dentro, tienes tanto, tanto,
que no puedes ni nombrarlo,
ni sacarlo.
No pasa por el agujero nudo de la garganta.

Eres la persona que nadie conoce,
y todos conocen de ti
al personaje que no eres.

Eres el que me hace reír
y el que se rompe en las paredes
por no romperse el corazón
(y no porque no quiera
si no porque no queda nada
que no haya sido roto ya).
Eres al que todos culpan,
del que todos dicen
que no piensa en otros,
cuando lo que pasa
es que no te quedan pensamientos
que no te señalen con el dedo.

Eres tu propio rehén,
tu propio verdugo.
El que no admite visitas
porque no puede soportar
más ojos
en lo que cree su culpa.

Así que eres
víctima del pasado
que te hizo sangrante
y desconfiado
por creerte una máquina de hacer daño.

Y yo te he visto
dormido,
despierto,
enfadado,
al borde del precipicio,
pensando que te perdía.

Y eres el niño herido,
el acusado,
el que, puertas afuera,
sale airoso
para llegar sangrando
adentro,
y morir
entre los barrotes del hogar.

Eres bueno,
por tu forma de tratar de salvar a los demás
hasta acabar tú condenado.
Por tu forma de querer ser mejor,
aunque no lo admitas,
por esa idea absurda
de que ser así
te hace débil
y ser débil es algo malo.

Eres la persona
que me quiso y me acogió,
cuando estaba al borde.
Que se hizo vulnerable,
solo por darme aliento un día más.

Eres el personaje que todos conocen
y la persona de quien nadie sabe.
Ni siquiera tú.

Por eso hablo yo,
que te he visto entre tu oscuridad.
Te he visto castigarte por crímenes ajenos,
te he visto hacerte pedazos por alguien,
cerca, que se había roto.

Y dirán que quizás eres más piedra que luz.
Y yo diré que eso es porque no han picado lo suficientemente profundo
como para ver
que después de la luz,
no existe piedra lo suficientemente grande
como para eclipsarla(/te).

are you ready for me?

martes, 1 de abril de 2014

Vuelve abril

Vuelve abril. Con su playa y su lluvia de hace tanto y tan poco.
Con aquel viaje gris, hacia ninguna parte, y el mar queriendo comérselo todo.
Y llegó el desconocido para hacerse cada rincón de mí misma, para volverse ese tiempo de pecho lleno. Llegó con sus cristales rotos, que fueron amigos y futuro, con las manos ensangrentadas, poniendo una toalla naranja, sobre la arena mojada.
Fue la sensación de cuando se abren dos puertas, en mitad de la tormenta, e invitan a entrar. La sensación de tener una casa cuando solo veía el abismo de la ventana. Fue el sol de puertas adentro.
Vuelve abril, con su viaje, tardío, y su primer día gris. Volviendo a ser quienes éramos, antes de que nadie nos manchase, antes de haber roto el primer plato, que acabó en casa derrumbada y vajilla deshecha. Tenías aún menos que yo, y sin embargo guardaste para mí un sitio. Era invitada en tus ruinas reconstruidas, para ofrecerme tu mejor sonrisa, para salvarme la vida.
Volvió abril, y después la realidad. Y mi casa vacía, y mi vida hueca. Y el recuerdo de aquel agujero en el que nos cobijamos de la lluvia, aunque nos gustase, simplemente por tener, por una vez, más calor que frío.
Hoy vuelve abril.
Limpiamos de las ruinas los cristales y las piedras. Hicimos en nuestras grietas puentes del uno al otro, para visitarnos cada día. Dormimos en la misma cama y nos perdimos en una misma habitación. Nos curamos. Aún no hemos dejado de sangrar. Aún encontramos cristales bajo la almohada, y a veces nuestros puentes se inundan y no podemos cruzar. Entonces vuelve esa playa gris, y yo con ganas de perderme en su mar. Y tú llegando tarde, con una toalla para la arena mojada, con una sonrisa que no creí que fuese a ser nunca para mí. Y con la historia más triste y luego más bonita del mundo.
Vuelve abril, con tu ciudad, la de los fantasmas, donde te perdiste y donde yo te encontré. Quizás no salgamos nunca del laberinto, pero ahora es nuestro hogar. Porque nos arrojaron, o nosotros mismos nos lanzamos, a la trampa mortal, y nos encontramos en el filo, a tiempo de cogernos de la mano, y hacer de la jaula y sus barrotes, puertas y ventanas para el otro.

Seguimos perdiéndonos incluso en las trampas en las que ya caímos mil veces, porque llevan nuestro nombre. Seguimos encontrándonos al filo, llorando porque tenemos en el alma el recuerdo de su canto de sirena.
Pro vuelve abril, y no es el mes el que trae nada, sino el eco de tu voz, abriéndome las puertas, el agujero en que enterré, entre tus muros, mi corazón. Vuelve abril y recuerdo aquella playa y miro la playa de ahora. Y te miro. Y corro a cruzar los puentes que nos separan.

martes, 18 de marzo de 2014

Agua

Le hicieron tantos agujeros
que el viento se le coló por dentro.

Nos metíamos en el agua para respirar,
como el gran pez,
que lo era, a pesar de todas las cicatrices,
simplemente porque no se dejaba pescar.

Y de no dejarnos pescar,
acabamos solos
y picando todos los anzuelos
de aquellos que querían
llevarse el mérito de haberte logrado.

Te hicieron tantos agujeros
que ya no eran para respirar,
sino por los que se te escapaba la vida.
Y supiste que morirías,
y sonreíste esperando;
a quien saludaba y preguntaba:
¿qué tal?
siempre:
bien.

Hasta que llegó lo peor que le puede pasar
a quien ha asumido que no hay más futuro:
la esperanza.

Y entonces todos los monstruos
que tenían que devorarte y hacerte nada
deben ser abatidos,
porque ahora hay salida donde antes había abismo.

Los escudos no estuvieron nunca más que en nuestra mente,
y nunca fueron tan fuertes como cuando supimos
que los límites los poníamos nosotros.

Y sumergidos,
como peces grandes que nunca se iban a dejar pescar,
te miré
y fue exactamente como todas las veces:
como si fuera la primera vez.

Tenemos toda la vida para arreglar
toda una vida.
Tenemos un camino y ningún lugar
tan importante como ahora.

Te tengo a ti.
Y no necesito más.


viernes, 7 de marzo de 2014

Cerezo

Vive a mi lado
y le duele la vida.
Sé que a veces es una maldición,
y tiene ese agujero en el pecho
que pesa
que brama
y no puede más.
Le vence el respirar.
Sus enemigos,
sombras pasadas,
caen sobre él
y le arañan la piel,
muerden.
Quieren llevarse un trofeo
algo que exhibir,
quieren derrotarlo
y encadenarlo.
Pero algunas personas
tienen el don y la maldición
de no estar nunca solas.
Y yo llego
y veo la herida;
me hecho a llorar,
nos cortamos con las espinas.
Solo que él es más fuerte
que sus cadenas
y las mil tempestades,
pero aún no lo sabe.
Se queda a mi lado,
finge que no le duele.
Le cojo la mano,
aunque esté dormido.
Abro ventanas para que entre luz.
Poco a poco,
con la primavera,
irán curando las heridas.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Las rosas hay que pintar

Eran blancas y asomaban entre todas las cosas luciendo ese color inmaculado. Erguidas, en su tallo con espinas, se mecían al sol de primavera. Pero como todo lo que se erige sobre otros colores y alturas, debían recibir un castigo.
La pequeña reina de corazones, con su pecho hueco y seco, con su vientre de alambre, mandó las rosas pintar, por tapar ese limpio color que no tenía mancha.
Regó con la sangre de sus vasallos el blanco de las rosas. Se volvieron rojas. No fue suficiente, no dejaron de ser rosas.
Las aplastó, se hirió los pies, pero se sintió mejor.
El espejo la volvía a señalar como la más bella del cuento. Nada en su jardín osaba superar la altura de su mandíbula. Todos vivían a esa sombra y andaban de rodillas.

Las rosas se hicieron fango, gusanos, tuvieron diez vidas, y volvieron la siguiente primavera.

El espejo vuelve a girarle la cara a la reina. Se agrieta la pintura de su cara. Se cae la corona, se rasga la ropa. Debajo, cicatrices de las espinas y un ser monstruoso.
Vuelve la primavera, ella aúlla: “las rosas hay que pintar”. Pero nadie responde. Los súbditos, en silencio, esconden sus manos.
Las rosas blancas asoman, de nuevo, sonríen. Son viejos conocidos.
La reina, llena de cólera, grita y golpea, abandona el castillo.
En mitad de la noche aún se puede ver el blanco de los pétalos, de la reina, una sombra. Va a pintar las rosas de nuevo, pero, esta vez, uñas como espinas rasgan la piel y la carne.

Amanecen rosas blancas. Todos los súbditos del reino lloran, con las manos pintadas carmesí, el color favorito de la desaparecida y difunta reina, a la que honran.
Todos tienen el estómago un poco más lleno. Asoman sonrisas reprimidas. Todos se han pintado los labios de rojo, como la reina, precisamente con la reina.



Por suerte las rosas solo son rosas,
y no viven bajo ningún reinado,
ni cometen crímenes atroces.
Por suerte las rosas no envidian ningún color
ni tienen ese odio y frustración
de quien se pinta una cara
para ocultar al monstruo.

domingo, 16 de febrero de 2014

Artemisa y Orión II

Esta noche
Artemisa y Orión
dormirán juntos.
Abrazados.
Lucharon contra todo
y todos
y cambiaron el curso de la historia.

En el cielo hay una constelación menos
en el cielo del invierno.

Porque esta noche
Artemisa y Orión
tienen quién les consuele del frío.
Tienen quién les salve de su destino
tantas veces escrito.

Esta noche
Artemisa y Orión
se van a amar
contra todo pronóstico,
contra todo el mundo
y su infinita sabiduría
Artemisa y Orión
van a ser uno

hoy
y siempre.