domingo, 7 de noviembre de 2010

El sueño del vencedor.


- ¿Estás nerviosa?
- No, tengo miedo.
- ¿No es lo mismo?
- No, es que él me da paz.
- ¿Entonces cómo puedes tener miedo?
- Porque es el tipo de miedo que tiene el vencedor.
- ¿A perder lo ganado?
- No, a despertar.


Despertó con ella al lado. Cálida.
Le dolía el hombro de la postura de toda una noche compartiendo colchón; y en una película de esas de un hollywood romántico hubiese permanecido quieto, por temor a despertarla, horas si era necesario; pero él no era un guaperas de película, y ella no encarnaba el papel de una semidiosa de silicona.
Habían pasado tantas noches juntos que no temía romper el idilio del sueño. No había por qué disculparse, qué temer. Porque no era un decorado de novela, era real.
Real como levantarse despeinado, tirarse pedos y despertar al de al lado.
Como pisarle el pie, darle un codazo o romper un plato.
Humano, que, de no hablar de ello, ya casi lo echábamos de menos.

Y te despierto. Y te doy un beso.
Me duele el hombro.
Ya lo siento.
Ahora nos quedamos callados, sin tener que levantarnos a llevarnos mutuamente el desayuno a la cama. Sin tener que dormir abrazados, con ese brazo que siempre sobra.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Regla XXII
"Siempre que nos separemos, será para reencontrarnos después"

viernes, 5 de noviembre de 2010

Me empieza a dar pánico estar sola.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Tears Speak



Hablando como si olvidase mi sexo.
Que quería que me dijeses que me habías echado de menos, aunque fuesen apenas horas.
Que quería despertarme y leerte.
Que quería que me dieses un beso, y me susurrases que no estaba loca, que no te agobiaba.
Que estabas celoso u ojalá anduvieses por aquí.

Y yo te dije un "Es igual".
Y tu, sin entender que no era una despedida, que era una lágrima, cerraste diciendo: "Un besazo guapa".

Y ahora tengo tantas ganas de llorar que se me va a caer la noche encima.
Y no encuentro el valor para volver a hablarte y no sentirme estúpida.

¿Follamos?(o no)


Con lo pronto que es, otro blog me acaba de mandar atrás en el verano.
Hablábamos de sexo (cómo no).
De que si los hombres van a lo que van, y nunca nada es casual.
Toda mujer que lea esto sabrá ése pensamiento que surge cuando somos tratadas bien (demasiado). Y tú dudas. ¿Por qué me acompaña hasta el portal?¿Por qué me invita a su casa?¿Por qué me saca a bailar?
Dudas, porque tienes miedo, un miedo egocéntrico, de que en el fondo sólo sea eso, sexo. Artimañas para llevarte a la cama, bondad animal.

Y... no sé, no he podido evitar sonreír. Sonreír porque no es verdad. Porque, sí lo es. Pero no.
Recapitulemos, sí, claro que esas cosas pasan y pasarán siempre, es la forma educada, la forma que no asusta del típico ¿follamos? (o no). Pero no es la única forma. Y aunque lo sea, cual es el problema. Siempre he pensado así.
Cuando no quieres, dilo claro, aun a riesgo de perder los privilegios, aun a riesgo de perder a una persona. Puede suceder también que esa persona, a pesar de todo, siga ahí.


¿Follamos? O no. Da igual, soy un encanto de todas maneras.

miércoles, 3 de noviembre de 2010



Diría ganas de enamorarse, pero, sabemos que es mentira, como cuando acabáis mis frases en la mente y asentís mis medias verdades.
No, no es amor eterno ni años de caricias y fidelidad.
Es más bien la fricción de los primeros encuentros. El: "dame un beso". Y un: "no, te lo doy porque yo (te) quiero".
No sentir que me apetece reclamar que no tengo, y no hacerlo, porque ya estamos conociendo a las chicas un poco, y sabemos que no es tanto las ganas de ti como el que tú la necesites para respirar.
Un abrazo por la espalda.
Reírme un montón.
Ya sabes, esas cosas que una echa de menos.
Y, lo más importante, lo que me quitará el frío de mil amaneceres de noviembre, lo que me consuela más que tu aliento cálido.
Echas tú de menos.
Demuéstralo.

martes, 2 de noviembre de 2010

Rest


De que te duela la cara de cerrar con fuerza los ojos.
Y que tus lágrimas sean dos senderos cálidos sobre las mejillas.
Y eso de enfadarse con todo el mundo.
Porque nunca te ha gustado que se sepa la verdad.
O que no te consuelen con mentiras.

Has gastado más vidas de las que tienes, y empiezas a replantearte el deseo de la inmortalidad.
Porque cuando cuentas, tiemblas.
Tampoco te gustaron nunca las matemáticas.
Cuentas.
Que no necesitas del sol.
Que no echas de menos.
Que vives bien sola.
Que no hace falta más que amor del callado para cultivar.

Cuentas, y nunca se te desenredan las dudas.
Y eso que los números, que son estadística pura, dicen que nos tranquilizan.
Pues ya ves que no.
Que tranquilicen a otro, a mí pueden arrancarme directamente el corazón.

Y es que ojalá no lo tuviera.
Que sólo me preocuparía de tener más droga.
Y menos de esto que sobra, de aquello que falta y cómo mantenerte en el precario equilibrio que te hace parecer un ángel.

Cierras los ojos, con fuerza.
Cuando las lágrimas dejan de brotar sus huellas se vuelven frías.

- Dicen por aquí que en días como hoy quieres morirte.
- No, morirme no, desaparecer.