La pequeña criatura arrogante tenía por costumbre agarrar hasta asfixiar.
Como todo niño pequeño no controlaba su fuerza;
los pobres insectos que morían aplastados entre sus dedos
no eran más que graciosos accidentes a ojos de los despreocupados adultos.
La pequeña criatura arrogante pulverizaba demasiados bichitos
para ser una simple casualidad, simple frenesí infantil.
La pequeña criatura arrogante creía que el mundo era suyo.
Aplastaba todo cuanto le cabía en un puño,
y, de entre todas las cosas
(bichitos, hamsters, gatos...)
lo que más le hubiese gustado que le cupiera en el puño
era la enorme cabeza de los despreocupados adultos.
Por desgracia, por sus limitaciones físicas, el objetivo más ambicioso al que podía aspirar
eran las cabecitas de sus compañeros.
Cabecitas de bonitos rizos, o lacias trencitas.
La pequeña criatura arrogante fingía ser una pequeña criatura nada arrogante.
Esperaba el momento en el que su mano abarcase una cabecita despistada.
Pero ese momento no llegaba
y la criatura arrogante crispó sus puños,
gritó, lloró...
en definitiva, se humilló mostrando su patética naturaleza arrogante.
Muchos adultos despreocupados pensaron que se trataba de una simpática rabieta.
Algunos de los niños cuya cabeza, a ojos de la criatura arrogante, era puré de guisantes en potencia,
comprendieron la naturaleza de la rabieta.
Podrían haber urdido un maligno plan infantil, como el de la criatura arrogante, para eliminar a su agresor en potencia.
En vez de eso decidieron hacer algo infinitamente peor: dejaron que la criatura arrogante siguiese tal y como hasta ahora, que creciese solo para darse cuenta de lo miserable de su existencia y de lo pequeño que iba a ser su puño siempre en comparación con el resto del mundo.
miércoles, 22 de octubre de 2014
martes, 21 de octubre de 2014
Lady error
Lady error tiene un veneno
que aunque no mata,
te mancha las manos.
Lady error tiene la capacidad
de tocar con ese veneno
y destruir sin hacer sangre.
Lady error tiene los ojos muy grandes
para fijar mejor sus objetivos
en defensa propia.
Nadie la teme
porque, a diferencia de los otros bichos,
es roja y brillante, casi hasta bonita.
Pero Lady error destruye todo lo que toca
y últimamente tu vida
le parece irresistible al tacto.
que aunque no mata,
te mancha las manos.
Lady error tiene la capacidad
de tocar con ese veneno
y destruir sin hacer sangre.
Lady error tiene los ojos muy grandes
para fijar mejor sus objetivos
en defensa propia.
Nadie la teme
porque, a diferencia de los otros bichos,
es roja y brillante, casi hasta bonita.
Pero Lady error destruye todo lo que toca
y últimamente tu vida
le parece irresistible al tacto.
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lunes, 22 de septiembre de 2014
Teseo
No entendía porqué seguía sintiendo aquel nudo en la garganta si ya había borrado todas las conversaciones mantenidas con ella.
Miró a su alrededor y solo encontró el fantasma de su ropa tirada por el suelo, unas flores secas, un libro con las páginas dobladas.
La vida era como la pintura barata de pared, descascarillándose en silencio y poco a poco, sin que nadie viese los restos caer; simplemente un día estaban en el suelo.
Sentía que si no había pruebas el pecado seguiría ahí, pero no llegaría el castigo. Creía ciegamente en la presunción de inocencia. Por eso borró su nombre de la lista de contactos, no borró el número, lo guardó con un nombre anónimo que no le recordase a nada en absoluto. Por eso guardó todas las fotos y luego las perdió, deliberadamente.
Era un fugitivo que huía de sí mismo
y sus vacíos
y acabó perdido en el laberinto.
Miró a su alrededor y solo encontró el fantasma de su ropa tirada por el suelo, unas flores secas, un libro con las páginas dobladas.
La vida era como la pintura barata de pared, descascarillándose en silencio y poco a poco, sin que nadie viese los restos caer; simplemente un día estaban en el suelo.
Sentía que si no había pruebas el pecado seguiría ahí, pero no llegaría el castigo. Creía ciegamente en la presunción de inocencia. Por eso borró su nombre de la lista de contactos, no borró el número, lo guardó con un nombre anónimo que no le recordase a nada en absoluto. Por eso guardó todas las fotos y luego las perdió, deliberadamente.
Era un fugitivo que huía de sí mismo
y sus vacíos
y acabó perdido en el laberinto.
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En el laberinto
domingo, 21 de septiembre de 2014
miércoles, 17 de septiembre de 2014
aún sin ser octubre
Un empujoncito a la vida,
bajar las persianas
despedir el sol
cerrar los ojos
y tratar de dormir
hasta que pase todo el día
la vida.
Problemas apilados,
asuntos no resueltos
y candados estallados;
se escapó lo que guardábamos en la jaula.
Si era un pájaro,
ojalá volar sobre el mundo entero.
Si era una bestia,
ojalá encontrar otro hogar,
uno con ventanas más grandes.
Un empujoncito a la vida,
ruedas que chirrían
cuesta abajo
hacia el agua fresca
hacia el cielo azul.
Permitirse un espejo tapado,
unos ojos cerrados,
silencio y tiempo.
Perdonarse.
Se rompieron los cerrojos
se escapó lo que teníamos pensado
ojalá un pájaro
ojalá un lobo
ojalá un niño
y ahora corren,
dueños,
de lo que teníamos creado.
bajar las persianas
despedir el sol
cerrar los ojos
y tratar de dormir
hasta que pase todo el día
la vida.
Problemas apilados,
asuntos no resueltos
y candados estallados;
se escapó lo que guardábamos en la jaula.
Si era un pájaro,
ojalá volar sobre el mundo entero.
Si era una bestia,
ojalá encontrar otro hogar,
uno con ventanas más grandes.
Un empujoncito a la vida,
ruedas que chirrían
cuesta abajo
hacia el agua fresca
hacia el cielo azul.
Permitirse un espejo tapado,
unos ojos cerrados,
silencio y tiempo.
Perdonarse.
Se rompieron los cerrojos
se escapó lo que teníamos pensado
ojalá un pájaro
ojalá un lobo
ojalá un niño
y ahora corren,
dueños,
de lo que teníamos creado.
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De cuando la libélula observa su rostro en las aguas
miércoles, 27 de agosto de 2014
Absolutos
La bondad era algo relativo.
A veces la bondad eran trampas de doble filo.
Granadas, la fruta que nos ató al infierno.
Quería ayudar porque ya estaba en el suelo,
pero me habría reconfortado ser aquella sobre todas las cabezas.
Fueron solo tres granos de granada
para convertirse la reina del inframundo;
un precio muy alto
o muy bajo,
según se mire.
Todo es siempre algo relativo.
Las palabras, los sentimientos...
La única certeza es que estamos todos rotos
y todos daríamos cualquier cosa por levantarnos.
Pero lo demás es relativo,
cualquier cosa no es siempre lo mismo.
La bondad es relativa,
la maldad es relativa.
Todos hemos estado heridos.
Agresores y agredidos.
¿Cómo íbamos a aprender a parar?
Y sin embargo aquí estamos,
algunos quietos y otros en movimiento.
El progreso es relativo,
la victoria es relativa,
la derrota es absoluta
pero sus sentimientos y consecuencias:
relativos.
Quizás no seamos buenos siempre,
puros siempre,
nobles siempre...
Quizás a veces daríamos cualquier cosa
porque fuesen otros los que están
siempre abajo.
Pero, en esas circunstancias, lo único que nos hace humanos
(absolutos)
es la capacidad de sacrificarnos,
la bondad,
aunque relativa.
Dar algo por alguien
que quizás lo merece
o quizás no.
Dar algo por alguien
que quizás te hunda
más y más.
Y, al mismo tiempo,
te permita levantar la cabeza
para tomar aire
un nuevo día.
El silencio,
el tiempo de saber quién eres
qué has hecho
cuántas veces has dado
más de lo que podías,
querías,
debías.
Eso,
eso es absoluto.
A veces la bondad eran trampas de doble filo.
Granadas, la fruta que nos ató al infierno.
Quería ayudar porque ya estaba en el suelo,
pero me habría reconfortado ser aquella sobre todas las cabezas.
Fueron solo tres granos de granada
para convertirse la reina del inframundo;
un precio muy alto
o muy bajo,
según se mire.
Todo es siempre algo relativo.
Las palabras, los sentimientos...
La única certeza es que estamos todos rotos
y todos daríamos cualquier cosa por levantarnos.
Pero lo demás es relativo,
cualquier cosa no es siempre lo mismo.
La bondad es relativa,
la maldad es relativa.
Todos hemos estado heridos.
Agresores y agredidos.
¿Cómo íbamos a aprender a parar?
Y sin embargo aquí estamos,
algunos quietos y otros en movimiento.
El progreso es relativo,
la victoria es relativa,
la derrota es absoluta
pero sus sentimientos y consecuencias:
relativos.
Quizás no seamos buenos siempre,
puros siempre,
nobles siempre...
Quizás a veces daríamos cualquier cosa
porque fuesen otros los que están
siempre abajo.
Pero, en esas circunstancias, lo único que nos hace humanos
(absolutos)
es la capacidad de sacrificarnos,
la bondad,
aunque relativa.
Dar algo por alguien
que quizás lo merece
o quizás no.
Dar algo por alguien
que quizás te hunda
más y más.
Y, al mismo tiempo,
te permita levantar la cabeza
para tomar aire
un nuevo día.
El silencio,
el tiempo de saber quién eres
qué has hecho
cuántas veces has dado
más de lo que podías,
querías,
debías.
Eso,
eso es absoluto.
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De cuando la libélula observa su rostro en las aguas
lunes, 25 de agosto de 2014
Aware
Había amanecido,
y en lugar de romper el hechizo
la luz del día trajo tus ojos
ahora verdes,
y las sábanas blancas.
Me abrazaste
y, con tu hombro como almohada,
supe que quería eso para siempre.
Empecé a temblar,
estaba nerviosa,
consciente por primera vez de que había algo
frágil
que podría romperse con cualquier cambio
en la luz,
en el silencio de la pequeña habitación.
Tú empezaste a besarme la cara
como pequeñas gotas de lluvia
cayendo sobre el asfalto tibio
un atardecer de verano.
Supe, antes incluso de rozar tus labios,
que aquello era el hogar:
el lugar donde el corazón
quiere estar.
y en lugar de romper el hechizo
la luz del día trajo tus ojos
ahora verdes,
y las sábanas blancas.
Me abrazaste
y, con tu hombro como almohada,
supe que quería eso para siempre.
Empecé a temblar,
estaba nerviosa,
consciente por primera vez de que había algo
frágil
que podría romperse con cualquier cambio
en la luz,
en el silencio de la pequeña habitación.
Tú empezaste a besarme la cara
como pequeñas gotas de lluvia
cayendo sobre el asfalto tibio
un atardecer de verano.
Supe, antes incluso de rozar tus labios,
que aquello era el hogar:
el lugar donde el corazón
quiere estar.
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De cuando la libélula observa su rostro en las aguas
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