martes, 6 de agosto de 2013

Breath

Bájame del pedestal rodeándome con tus brazos.
Dame un beso.
Deshazme las trenzas y finge que es casual
tu hombro tan cerca,
para que yo apoye la cabeza.
Desnúdame para meterme en el agua
quítame el collar de perlas
y el escudo
y las palabras.
Píntame la piel con los labios
y cúrame las cicatrices
como si aún hubiese remedio.

Y yo a cambio dejaré que me roben
las piedras de la fortaleza
para no tener que vivir más escondida
y protegida
de cualquiera que venga a ponerme un espejo delante
una ofrenda.



domingo, 4 de agosto de 2013

Temple

Las puertas del templo, cerradas, guardan su interior del tiempo, de las plagas
de la humanidad.
Las puertas del templo no atienden a los gritos del guerrero. No parece que nadie esté escuchando
al otro lado.
La sangre riega las piedras, sedientas
de historias.
Y el guerrero respira siguiendo el latido del agua,
palpitan las sienes,
rezuma la tierra.
El viento, suave,
enfría el sudor de su frente.
Se muere.
Sus gritos son un aullido
pero no de dolor o pena,
es rabia.
El sol calienta.
Las puertas del templo, cerradas,
ven correr hacia ellas un reguero rojo,
oscuro.

Susurra la seda al contacto con la piel,
ella se arrodilla
y la tela blanca se empapa y se vuelve pesada.
Le rodea la cintura y le ayuda a levantarse.
Cae su escudo y su lanza.
El paisaje se balancea y todo se vuelve negro.

Cuando despierta las puertas del templo, cerradas, guardan su interior del tiempo, las plagas
de la humanidad.
Las heridas son ahora cicatrices rosas.
La noche cae en un azul que hace que el mundo parezca sumergido.
No la ve a ella. Tampoco recuerda más que sus manos y el blanco teñido de rojo.
Su escudo y su lanza en el suelo.
Se levanta, sin ayuda, y camina.




El perfume 2.0

Hace tres años lo dije
y hoy, rota,
lo vuelvo a decir.


Reescribo la teoría de "El perfume"
y cómo no sé amar
y eso me genera la necesidad
de ser amada
por no abandonarme conmigo misma.

De cómo soy una hija de puta
y la calientapollas de toda una plaza
si me dejas.
De cómo solo pido a gritos
que acaben conmigo
por no tener valor para afrontar
la clase de persona que soy.

Que no puedo estar sola
porque cuando se apagan las luces
viene la que asesiné
a llevarme con ella a los infiernos.
Y allí charlamos,
ella me lee el futuro
mirándome a los ojos
y me dice que hace años que morí(mos).

Que no puedo más que yacer
agónica,
suplicante.
Hasta que algún alma caritativa
o algunos pantalones ajustados,
a los que incitan mis labios
o mis piernas abiertas,
se paran a tocarme.
Y enveneno lo que puedo.
"No me dejes sola...
...que vuelve el monstruo a buscarme".
Y no lo hacen,
y yo me curo tanto
que el monstruo también se fortalece
y vuelve a alimentarse
de mí.

Y duele,
joder,
duele tanto.

Que ahora espero a alguien
que pueda quererme
lo suficientemente fuerte
como para cortarme la cabeza.

Y cerrar por fin el cuento.

Mientras tanto bebo, escribo y canto.
En ese orden.

Sigo buscando el interruptor,
por si resulta que al final tengo que vivir
de este amor que me queda a mí.

Sacrifice

Como Ophelia, con el pelo enredado
en todas las flores que pueda encontrar,
avanzo hacia el agua, que ruge mi nombre
y mis pecados.
Como Ophelia, que creyó demasiado rápido
y amó demasiado fuerte,
soy la que muere en la historia
y a la que entierran entre lágrimas de alivio.
El componente que brilla por su ausencia.

Busco entre las cimas
la escalera de Jacob
por la que ascender en silencio
llorando
para soltar el pelo en lo más alto
y despedirme con la mano
y todos los besos que entren en mil suspiros.
Y, con las alas a la espalda
poder cuidar de todos
los que se pierden en el camino.

Soy el sacrificio,
la Andrómeda inicial,
que desnuda y temblando
sin ningún Perseo,
espera a ser devorada por el monstruo.
Isaac, la hija de Jefté
primogénitos modelos.
Las vírgenes que no mató el primer rey,
Ifigenia salvada (a veces).

Y al final
sin importar el destino,
quedará mi cuerpo hendido,
carne de sacrificio,
consumado o no.
El miedo rompiendo, al menos,
dos corazones
desgarrando el pecho.
El hogar abandonado
que me abandonó.

Y los ojos contentos,
la sonrisa leve
el pelo extendido sobre la arena.
La piel calentada por el sol.
El perdón
que solo puede concederse
uno mismo.

Hacerse estos agujeros
para poder respirar.
Redención en forma de entregar el cuerpo
y el alma,
por causas más nobles.

Sacrificarse
para poder limpiar la sangre de mis manos;
ser un poco mejor
el segundo antes del último aliento.



Quedamos los que puedan sonreír
en medio de la muerte,
en plena luz, en plena luz, en plena luz... 


sábado, 3 de agosto de 2013

Back ho-l/m/p-e

No estaba preparada para volver a la casa que quemé,
por deshacerme de los cadáveres del pasado.
Y en las fotografías en las que solo salgo yo,
o la niña que fui,
encuentro preguntas
en forma de reproche
"¿qué me has hecho?"
A mí me prometieron que sería feliz
y yo no supe nunca encontrar el camino.

No puedo afrontarlo,
que alguien me traiga las alas o el escudo.
Indicadme el camino,
yo no puedo tomar más decisiones
que soy rehén de la de las fotografías
y llora y grita
que como siga haciéndole daño
caeremos las dos.

Se abren las puertas de la ciudad
en la que he sido feliz y he vivido la mentira,
o quizá
solo una de las dos
y nunca supe elegir bien.

Y ahora soy el sacrificio
que solo espera que se abran de nuevo
las grietas
y se rasguen las vestiduras
para que la entreguen del todo
y pueda su cuerpo descansar
en un hogar, por fin sin reproches.


jueves, 1 de agosto de 2013

Trainspotting

Cae mil veces
y yo no puedo levantarlo.
Porque de la magia que juré tener
solo quedan dos manos demasiado pequeñas
y nada de fuerza para sujetar la espa(l)da.

Y yo me tiro a tierra mil veces
por que no muera solo.
Por poder levantarme después,
y demostrar que tras de sobrevivir
viene el trabajo duro:
vivir, con la cabeza bien alta.
Dejarse querer quizás,
si tenemos suerte
y encontramos gente buena.

Cae mil veces
y yo quemo mil veces el pasado
para sacar de las cenizas
una fuerza que no puedo comprender
pero marca la diferencia
entre haber esquivado a la muerte
y hacer algo con el tiempo dado.

Mil veces rompemos los espejos
por no poder con nuestro propio reflejo
y sin embargo podemos mirar al otro
y de ver algo bueno, quizás incluso
perdonarnos.

Cae mil veces,
y detrás caen los meses,
las estaciones.
Y la herida no se cura,
hasta el punto de que, magullados
y ensangrentados
olvidamos que teníamos la piel blanca
y la sonrisa brillante.

Y yo no puedo salvarle
del monstruo que metieron a golpe
de rencores y reproches
y ahora
todo lo come,
lo devora.
Soy vasalla de ese reino.
Y mil veces si hace falta
arremeteré contra la bestia.
Para ser vencida mil veces.
Porque lo único que queda es luchar
una y otra vez
hasta que la casualidad arrase con todo.

Y yo solo quiero
ver los trenes pasar,
como pasan siempre,
mil veces.
Igual que tenemos cicatrices
y que cometemos errores
y que somos perdonados.
Y quizás de pronto un día
salga el sol,
algo cambie
y seamos libres.


Mil veces saco fuerzas para resucitar de las ascuas
el fuego que sé que hay entre las brasas. 
Mil veces prometo salvarme
y mil veces fallo.
Porque es la decisión que tomé:
levantarme hasta que me gane la vida
y no pueda seguir. 
Esperar quizás un Valhalla.

Mil veces cae,
y yo caigo detrás.
Porque mi campo de batalla 
también está lleno de ese sentimiento
que no puedo permitir que nadie más tenga,
nunca más.

Porque merece la pena
mientras tenga aliento.

Antes de dormirme

De esto que te sientas delante del teclado. Y te duele la cabeza, pero como si hiciese siglos que no duermes. Y no sé qué coño escribir. No sé si la vida toma una dirección u otra. Ni qué haré en unos días. No tengo a dónde ir. Ni en quién delegar. Ni a quién llamar en mitad de la noche. Porque he tenido una pesadilla, he soñado que despertaba y todo seguía así. Y yo ya no tengo el valor para seguir.
He soñado que el alcohol me hacía decir verdades que no recuerdo si creía o no. Y ahora tengo dos meses que me miran desafiantes. Es el fin del camino. De aquí en adelante, sin putas manos. Y mal empezamos la carrera, si llevo así de golpeadas las piernas. 
Me meto en la cama, sin almohada. Y aprieto fuerte los ojos.
Tengo tanto que dar que me estoy desgarrando, en canal.

- ¿Tú también sueñas con gente que te abraza?
- Sí, pero antes de dormirme.

Y asoma una lágrima y ese cosquilleo debajo del vientre.

Dime que no soy tan mala,
que aún tengo una puta posibilidad.
Que todo sigue igual.