Hay algo roto aquí
se ha colado por uno de esos agujeros que tienen los calcetines.
Era un agujero pequeño, al principio.
Nunca lo remiendas o lo tiras a tiempo.
Siempre es un agujero tan pequeño,
tan nimio.
Hasta que ya no lo es.
Y un día queda latente que tu calcetín ya no lo es
es un abismo insalvable
una prenda inservible
una tobillera para pies
donde antes fue cobijo.
Y por esa ausencia ha entrado un segundo roto
algo aún menos obvio
un átomo tembloroso
el primer clavo de un ataúd
que es el clavo de la cuna
del abuelo del carpintero
que construirá este continente
para ese contenido.
Se ha roto
y eso que estaba ya roto de antes.
Una grieta tal que deja de ser grieta
para convertirse en cordillera
No podemos escapar de nuestro propia
deriva continental.
Probablemente
seguirá rompiéndose
como todo lo que no se remienda a tiempo.
Siempre podemos tirar
que es aceptar que lo roto seguirá rompiéndose
allá donde no podamos ser testigos de ello.
De cualquier forma
hemos alcanzado el punto de no retorno.
Somos demasiado ajenos todos
ya no nos reconocemos los unos a los otros
ni en el espejo.
Qué pensará el calcetín cuando ya solo es agujero.
¿Sigo siendo yo? ¿O fui también siempre esto?
No hay comentarios:
Publicar un comentario