(creo, espero)
Quizás te estés rompiendo de nuevo, por eso de que es Octubre,
con la lluvia en el pelo,
y la cara mojada,
y el frío en la cama...
Sientes que has perdido,
quieres tu rescate.
Mi dragón, ese que no está.
No te bastan las palabras, siempre han sido pretextos.
miércoles, 31 de octubre de 2012
lunes, 29 de octubre de 2012
fear
¿Sabes aquellas cosas que me daban miedo, y tú decías que no pasaban?
Pues me daban miedo porque a mí sí me pasan.
Y quizás el miedo era más por ti.
Pues me daban miedo porque a mí sí me pasan.
Y quizás el miedo era más por ti.
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De cuando la libélula observa su rostro en las aguas
miércoles, 24 de octubre de 2012
Pensa miento
No te mira a los ojos.
Viene de otro mundo
siempre por encima de ti,
como si estuviese lejos
y tus manos no tuviesen la fuerza suficiente
para traerlo de vuelta.
Viene de otro mundo
siempre por encima de ti,
como si estuviese lejos
y tus manos no tuviesen la fuerza suficiente
para traerlo de vuelta.
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De cuando la libélula observa su rostro en las aguas,
More than Fairy Tales
martes, 16 de octubre de 2012
Far away
Lejos, estamos lejos.
Lejos de los mares de invierno,
de las leyendas que hacían más luminoso el pasado.
Estamos lejos, de la hora de la tarde en el que todo está azul,
y las velas titilantes,
y las siestas involuntarias de principios de verano,
en un sofá.
Estamos lejos,
lo siento dentro.
Y por dentro nunca me equivoco (nunca).
Hay un cristal
frío.
Y estamos lejos.
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De cuando la libélula observa su rostro en las aguas,
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lunes, 24 de septiembre de 2012
Nunca vuelven los veranos pasados
Nunca vuelven los veranos pasados,
y sus vidas
y sus atardeceres dorados,
nunca vuelven.
Flotamos a la deriva creyendo tener un objetivo.
Estamos presos en nuestras jaulas de existencia.
A veces me da miedo la necesidad del brazo amigo,
miedo que sea su mano lo único que me proteja del viento de levante.
No vuelven los veranos pasados.
Pero vuelven otros veranos,
viejos conocidos con los que nunca llegamos a intimar.
Verano no volverá, vendrán otros,
con el mismo nombre y las mismas promesas,
y puede que hasta mejores.
Hasta entonces disfrutaremos de este otoño, que siempre es el mismo,
con su mismo octubre,
y su mismo noviembre,
una y otra vez.
Porque nunca vuelven los veranos pasados,
pero otoño, otoño es siempre el mismo.
y sus vidas
y sus atardeceres dorados,
nunca vuelven.
Flotamos a la deriva creyendo tener un objetivo.
Estamos presos en nuestras jaulas de existencia.
A veces me da miedo la necesidad del brazo amigo,
miedo que sea su mano lo único que me proteja del viento de levante.
No vuelven los veranos pasados.
Pero vuelven otros veranos,
viejos conocidos con los que nunca llegamos a intimar.
Verano no volverá, vendrán otros,
con el mismo nombre y las mismas promesas,
y puede que hasta mejores.
Hasta entonces disfrutaremos de este otoño, que siempre es el mismo,
con su mismo octubre,
y su mismo noviembre,
una y otra vez.
Porque nunca vuelven los veranos pasados,
pero otoño, otoño es siempre el mismo.
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sábado, 15 de septiembre de 2012
Enciende la luz, que hace frío
Otoño sobre verano,
lluvia sobre la arena,
tormenta sobre la cabeza.
Es la belleza en la última luz del día.
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miércoles, 5 de septiembre de 2012
Casa
Ya ha empezado otoño, aunque no nos hayamos dado cuenta.
Esta noche tenía ganas de hablar, de cómo me convertí en una casa, y dejé de ser una persona.
Es una historia interesante.
Un día te despiertas y, cual Metamorfosis, descubres que tu brazo izquierdo es un gran muro, acristalado, con preciosas cortinas y un papel de pared color oliva; tu brazo izquierdo es otro muro, con una puerta que da a una cocina, y parece que alguien está horneando magdalenas.
Y ahora, cuando él llega a casa, no estoy yo, y a la vez lo estoy.
Están sus paredes, sus muebles, sus cosas... y yo. Soy hogar. Y nada más.
No me malinterpretéis, no está mal ser hogar, es mucho más de lo que algunos podrían llegar a aspirar...
Sin embargo aquí estoy, cálida, acogedora... Y fuera las cosas giran, cambian, algunas cortan, otras ríen, pero fuera no eres casa, eres persona.
Yo ahora soy casa.
Como en los juegos de cuando eras pequeño, y corrías a las zonas seguras que te proporcionaban inmunidad. Eran "casa". Pero al final siempre salías de nuevo a correr, al peligro, a buscar "casa" de nuevo... porque si siempre estuviésemos en casa, a salvo, no tendría sentido el juego, no habría diversión.
Él no sabe que yo soy casa. Oye mi voz y nota mi piel, pero no sabe que soy parte de las paredes, de las ventanas, de las cañerías.
A veces me siento vacía, con mis rincones oscuros.
Eso es porque mi inquilino está fuera, jugando para poder echarme de menos.
Porque no puedes hacer planes y llevarte la casa a cuestas, eso es para dueños de autocaravanas y soñadores.
Te quiero, como se quiere el hogar, la ciudad de la que huímos y a la que no volveremos. Te quiero, con la nostalgia del que sabe que no desea regresar a su hogar.
Esta noche tenía ganas de hablar, de cómo me convertí en una casa, y dejé de ser una persona.
Es una historia interesante.
Un día te despiertas y, cual Metamorfosis, descubres que tu brazo izquierdo es un gran muro, acristalado, con preciosas cortinas y un papel de pared color oliva; tu brazo izquierdo es otro muro, con una puerta que da a una cocina, y parece que alguien está horneando magdalenas.
Y ahora, cuando él llega a casa, no estoy yo, y a la vez lo estoy.
Están sus paredes, sus muebles, sus cosas... y yo. Soy hogar. Y nada más.
No me malinterpretéis, no está mal ser hogar, es mucho más de lo que algunos podrían llegar a aspirar...
Sin embargo aquí estoy, cálida, acogedora... Y fuera las cosas giran, cambian, algunas cortan, otras ríen, pero fuera no eres casa, eres persona.
Yo ahora soy casa.
Como en los juegos de cuando eras pequeño, y corrías a las zonas seguras que te proporcionaban inmunidad. Eran "casa". Pero al final siempre salías de nuevo a correr, al peligro, a buscar "casa" de nuevo... porque si siempre estuviésemos en casa, a salvo, no tendría sentido el juego, no habría diversión.
Él no sabe que yo soy casa. Oye mi voz y nota mi piel, pero no sabe que soy parte de las paredes, de las ventanas, de las cañerías.
A veces me siento vacía, con mis rincones oscuros.
Eso es porque mi inquilino está fuera, jugando para poder echarme de menos.
Porque no puedes hacer planes y llevarte la casa a cuestas, eso es para dueños de autocaravanas y soñadores.
Te quiero, como se quiere el hogar, la ciudad de la que huímos y a la que no volveremos. Te quiero, con la nostalgia del que sabe que no desea regresar a su hogar.
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