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domingo, 22 de diciembre de 2013

El lobo feroz

Tú eras el lobo feroz de todos los cuentos
y yo la niña perdida
en el País de las Maravillas,
en pos de un dragón.

Tú, disfrazado de asesino,
rodeado de Caperucitas de doble filo.
Yo, simplemente,
no estaba. No creía en el destino.

Tú tenías esos ojos verdes
de humano derrotado,
bajo ese traje de lobo
que rezumaba sangre,
roja,
propia.

Te vi de rodillas,
aullando.
Y quemé todos los puentes
hacia las torres de mis dragones.

Reescribí el cuento,
te encontré donde no te buscaba.

Eras siempre el malo
en los cuentos de otros.
Aquella era su forma de tenerte atado,
haber capturado al lobo.

Quizás te pusieron la corona rota
y usaron tu cuerpo de soldado.
Pero créeme si te digo
que no eran más que pesadillas,
que tu historia aún debía ser escrita.

Que no inventaremos personajes,
ni héroes ni villanos.
Solo tú y yo,
siempre,
adonde quiera que vayamos.

No volverán a ponerte cadenas
y a encerrarte en la oscuridad
de sus exigencias
de niños caprichosos,
adultos repugnantes.

No volverás a los oscuros bosques
donde acechan monstruos
disfrazados de indefensas niñas,
vestidos de rojo,
con el corazón seco
como los troncos del otoño.

No volverás solo,
nunca más,
a sumergirte en la gélida oscuridad,
a enfrentarte a ti mismo,
en campos de batalla
y abismos.

Tú eras el lobo feroz de todos los cuentos,
el que haría cualquier cosa por verme sonreír.
Me rescataste de mi País de las Pesadillas,
me despeinaste el pelo
y llenaste de barro mis tobillos.

Te intentarán robar, siempre,
para otras historias,
para usar tus garras
en defensa propia.

Tú eres el lobo feroz,
al que hicieron malo en tantos cuentos,
todas aquellos niños que tejían
su historia en lugar de realidad,
para no tener que admitir
su imagen en el espejo.

Si el enemigo está siempre dentro,
me alegro de haber entrado en tu pecho,
siguiendo el reloj de tu voz.
Y de aquí en adelante,
que te quede claro,
que el lobo feroz de nuestro cuento
no va a volver a ser el malo.





martes, 10 de diciembre de 2013

La luz

En mitad de la noche abrazo tu espalda.
Vienen a asaltarme los fantasmas
que me hacen llorar.
Pienso en ti, y en el vacío de antes de ti.
Era un vacío que parecía normal.
Ya sabes,
como en todas esas novelas
en las que no salen dragones.
Y nadie echa de menos la sombra de sus alas
hasta que aparecen en el cielo
y piensan cómo pudo ser posible vivir
antes de eso.

Un vacío que todos tapan, en sus vidas,
a golpe de normalidad de
"aquí no pasa nada".
Y yo lo oía aullar, sin encontrar el agujero,
la sangre bramaba.
Era esa sensación de estar perdiendo la vida,
escapándose,
porque me quedé congelada entre la primavera
de unas páginas y el invierno
en le que tocó crecer.

En mitad de la noche me abrazo a tu espalda,
nunca más como un náufrago
que se aferra a su tabla.
Nunca más como si fuese mera supervivencia,
como si fuese solo casualidad y circunstancias.
Sino como Prometeo y el fuego,
como Ícaro y el fuego.
Como quien decide dejar de ignorar ese abismo de vida
que llena a muchas personas.
Y tener esas noches
en las que no hay mar en el que ahogarse
sino camas en las que ver nacer
la luz
sobre la soledad.



martes, 26 de noviembre de 2013

Son of the sea

No volveré a llamar al mar de otra forma
que no sea con tu nombre.
Que llevas la sal enredada en el pelo,
el color de su verano en los ojos
y en la voz, el sonido de las olas
cuando se abraza a las rocas. 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Wolf

Me gusta esa forma que tienes de cantar,
de besar el micrófono.
Me gusta esa forma que tienes de reír,
cuando ríes de verdad,
desde dentro del pecho.
Me gusta cómo sales en las fotografías,
cómo pareces feliz o cómo pareces abatido;
me gustaría haber estado ahí,
ser parte de todo.
Me gusta cuando duermes
y me coges de la mano.
Me gusta cuando estamos enfadados
y me escribes.
Cuando me escribes y es para decirme
que me quieres.
Me gusta tu voz,
y me gustan tus manos.
Me gusta dormir contigo
y tenerte si me despierto de una pesadilla.
Me gusta cuando te veo y veo el niño,
y me gusta cuando te veo, alto,
y me siento protegida.
Me gusta esa cara que pones
cuando recibes un regalo
y no sabes qué responder.
Me gusta tu forma de mirar,
de besar.
Me gusta mi vida contigo,
mis tardes, mis domingos.
Me gusta que me conozcas,
y que sepas cuándo las cosas van mal.
Me gusta que seas bueno,
aunque tú no lo sepas.
Y abrazarte,
y pensar que quizás te proteja
de algún monstruo invisible.
Me gusta que no necesites,
porque si doy o me das
es por querer.
Me gusta cuando me abrazas
y dejo de llorar.
Me gustan tus historias,
me hacen feliz;
aunque a veces haya tenido miedo
de que el pasado nos pisase los talones.
Me gusta esta forma que tienes de querer,
y ese miedo que tenías de herir.
Me gusta porque te hace a ti,
porque todo eres tú.
Me gusta porque has sido tú todo este tiempo,
detrás de cada historia que parecía irreal,
tú.
Me gusta porque cuando pienso en todo esto,
en lo que tengo,
tengo ganas de llorar,
de volverme creyente
y agradecérselo al cielo.
Me gusta porque me hace feliz,
porque me siento viva
(gracias a ti).
Me gustas. Mucho.



martes, 19 de noviembre de 2013

historias

No podría decir cuándo empezó esto, igual que no creo que nunca vayamos a poder decir cuándo acabará.
De los que éramos al principio apenas queda una sombra, y sin embargo ahí están, esas versiones de nosotros mismos heridas, que se lamieron las astillas de lo que les quedaba de corazón.
Que con la cabeza fría somos nuevos, pero seguimos siendo los que fuimos, con la cara limpia y los ojos claros.
Porque es una forma bella de seguir adelante, de levantarse del suelo y que la perspectiva cambie, aunque sigamos en el mismo cuerpo que antes moría ahogado en las profundidades de su infierno; en aquella habitación cerrada a cal y canto.

Supongo que fue dejar de buscar para encontrar. Que no logré entrar en la fortaleza más que salir de ella. Pero estaba tomando el camino incorrecto. No se puede llevar la luz en las manos, que se escapa entre los dedos; así que bajo el sol y sobre el mar del norte de verano, hice agujeros, como estrellas en tu tejado.
Y tú a cambio hiciste agujeros, para respirar, en mi pecho.

Sigo reconociéndonos en los dos idiotas que se hacían daño, cada uno a sí mismo, para ver si morían antes que volver a sentir el aliento del otro, por si le insuflaba la vida.
Los idiotas que se perdían las noches de fiesta, para encontrarse en la oscuridad; y se perdían en la oscuridad para reencontrarse como extraños.

Seguimos con las alas rasgadas y las vestiduras rotas.
Seguimos llenos de cicatrices que hacen que nos duelan los espejos.
Seguimos en aquella batalla estúpida con quienes nos quisieron como se quiere a un muñeco.

Pero entre sábanas de camas que vieron tantas cosas, enredé los dedos en tu pelo, y te sujeté por la noche mientras dormías; porque me estaba sujetando a mí, porque se me llenaba el pecho de ganas de llorar cada vez que sentía este calor.

Así que miro atrás, y luego te miro a los ojos. Y somos las mismas personas que no se atrevieron, pero en el tiempo en el que sí lo hicieron. Somos el paso que no dimos. El camino que no cogimos.
Es difícil de explicar. Supongo que quiero decir que siempre hemos sido esto, siempre he sentido esto. Que fueron las circunstancias que nosotros levantamos, como muros cuando debimos ser puentes, las que nos dejaron ciegos. Y fue nuestra voz, que alzamos, como luces en la noche, las que hicieron que no necesitásemos ver nunca más.
O fue un viaje en autobús, en el que nos abrazamos y yo pensé que no se trataba de ganar o perder, de salir ileso o morir, se trataba de lo que quería, que era eso, fuese con lágrimas o con alas, con gritos o sonrisas, eso.
Y me hice un pacto aquel día, prometiendo que ya no le tenía miedo a nada, porque había asumido la vida; que era eso lo que quería, aunque no tuviese garantías más allá de un pasado en el que nadie habló claro.


Porque tuve luz en las heridas, y besos en la oscuridad. Y tengo calma en el pecho y un domador en el dolor. Tengo la protección y la espada o el escudo, según la batalla.
Tengo un nombre, una cara, una voz. Tengo un corazón, y está partido en dos, para dar una mitad.
Tengo el lobo y el hombre, y los amo a los dos.





Oración de primavera

Supongo que nos (re)encontramos en el camino. Después de tantos viajes en los que nos íbamos perdiendo poco a poco, como quien se deja el equipaje en el tren, y sus calcetines, sus gafas y su pijama visitan ciudades en las que nunca has besado.
Y un día, perdida en un andén de mi vida, me partí en dos, para hacer sitio bajo las sábanas, y de paso dejar caer al suelo todos los escudos templados a golpe de realidad frente a las novelas de las que me enamoré.

Segura de que estuvimos mirándonos las espaldas años atrás, sin oír nuestros latidos por la música tan alta que a mí se me hacía el pecho pequeño, te he visto durante un año siempre a lo lejos, siempre pequeño. Del tamaño de esos personajes de cuento, donde el amor a primera vista y los flechazos entraban en cuatro palabras de madrugada; y no salían más que con sangre, que es la mala costumbre que tiene la letra. 

Nos chocamos mientras andábamos buscándonos, y salimos corriendo. Porque yo me había adoctrinado durante años, aprendiendo a fuego que no podía enamorarme solo del contacto piel con piel. Y ahora estaba ardiendo, quemando todo cuanto tocaba en mi mundo de papel. 

Desde entonces vivo fuera de la ley, bajo un techo y unas normas que me dan estos días tan de paz, en los que pienso que ya he llegado a donde quiera que me estuviese dirigiendo antes de empezar a hacerme daño y perder la orientación. 


Dicen que no existe el amor a primera vista, que es cosa de películas. Pero eso es porque tú no les has mirado amaneciendo una primavera, dándoles la vida, como si les viesen por primera vez.

Y entiende entonces todo esto, que yo nunca pensé que pudieses existir.





martes, 18 de diciembre de 2012

No queda otoño

Ya no nos acordamos de cuando se enamoraban de nosotros por la calle
Porque éramos jóvenes
Y entonces la luz brillaba con más fuerza

Teníamos el corazón lleno de mentiras
que nos calentaban la cama y las mejillas.

Pero ahora se ha apagado
la chispa de la magia en la que creíamos,
aunque sigamos creyendo.

Es ella la que duda de nuestra existencia.



Y es que ya nadie se enamora de nosotros
en una esquina,
en un semáforo.
Ojos abiertos y darte la vuelta a mirar.

Tengo miedo de ser una cáscara vacía
Porque ya los otoños pasan desapercibidos para mí.

Porque nadie lo sabe
pero hemos dejado de ser seres sobrenaturales
y hemos perdido las alas
y apagado nuestro fuego

Y ahora somos simples mortales
con el recuerdo del alma
y un amor neoplatónico.



lunes, 15 de agosto de 2011

El guardián entre el centeno



Había algo de guerrero en él. De luchador.
Quizás era porque miraba a la vida como si fuese siempre la última vez; o quizás era aquel destino que pendía, oscuro, sobre su cabeza. De cualquier modo, había algo de guerrero, de los guerreros legendarios, en él. Todos podían verlo, algunos con admiración, otros con temor de ser arrastrados por aquel fatal sino.
Por las noches, el guerrero, miraba al cielo, como lo hubiese hecho un pastor, pero de un modo completamente distinto. Alzaba la vista a las nubes, en vez de a las estrellas, y evocaba el futuro en lugar del pasado.
Porque el guerrero no era un viajero. Y el final del camino se escribiría con mano temblorosa cada vez que se desenfundase el arma.
Y el guerrero, cuando soñaba, no lo hacía con otra cosa que no fuese una coraza, llena de cortes y hendiduras, tirada a un lado del camino, porque la vida y la muerte llegaban a ser una misma cosa: la libertad.
Había algo de guerrero en él. Pero no era uno de esos guerreros de acero y escudo. Eran sus ojos los que hacían de él El Guerrero; sus ojos, como una coraza que no caería al suelo hasta cumplir con su misión, para después vivir o morir, que no eran cosas tan distintas al fin y al cabo.

domingo, 21 de noviembre de 2010

La fe del asesino



Sonrió pensando que su final no podía ser de otra forma.
Sólo con ver el porte del caballo que galopaba frenéticamente hacia él supo quién se ocultaba tras la capucha y el arco, tenso, en su dirección.
No sintió el primer impacto, en el hombro derecho, justo bajo la clavícula; su mente estaba ocupada en el vaivén del cuerpo del jinete, en sus piernas flacas apretadas con fuerza contra los costados de aquella yegua zaina.
La segunda flecha mordió su muslo derecho, haciéndolo caer de rodillas, y sin embargo él sintió como si le hubieran atravesado el pecho.
Para entonces el jinete ya lo había pasado, situándose a su espalda.
Eryo ni siquiera necesitó volverse.
- Siempre supe que tú acabarías conmigo -murmuró mirando al frente, más allá de las pisadas de las herraduras sobre el barro, más allá de la torre de vigilancia; más allá incluso de las montañas tras las que el sol se había comenzado a poner.
Aracne puso el filo de un puñal sobre su cuello. El aroma de su pelo, junto con el de la sangre le inundó los pulmones. Apretó con fuerza su mejilla contra la de Eryo.
- Tú destrozaste mi vida.
Sintió de pronto cómo Eryo presionaba el puñal contra su cuello y la sangre, cálida, le recorría las manos. Dejó caer el puñal. Y Eryo sonrió para ella una última vez.
A lo lejos ya se podían escuchar los aullidos de los lobos.
Y la nieve comenzó a caer.

sábado, 13 de marzo de 2010

El pastor de lobos. El sueño de Aracne.

Sus enormes ojos negros, hambrientos, la miraban con descaro y violencia. Desde la ventana parecía acecharla, a punto de saltar sobre ella y devorarla.
- Ven conmigo -jadeó, dejando escapar densas volutas de vapor de entre sus labios.
Aracne retrocedió un paso ante la perspectiva de un lobo salvaje arañando sus entrañas. El pelo negro y revuelto del joven se agitó mientras ponía los pies en el suelo, dentro de su dormitorio, sin ser invitado ni bienvenido.
- Si no cierras la ventana ambos moriremos congelados -susurró ella como única respuesta. Le hubiese gustado decir que debería cerrar la ventana tras de sí, pero se contentaba con no temblar en presencia de su depredador.
El pastor de lobos la observó con una mirada inquisitiva, no parecía ser una de esas personas que repiten sus proposiciones más de dos veces.
- No iré contigo -sentenció intentando mantener la poca compostura que aún conservaba- Ni siquiera sé tu nombre...
- Eryo.
Aracne se mordió el labio inferior, cruzó la habitación de dos zancadas, abrió la ventana y la volvió a cerrar, inquieta.
- Yo no soy ninguna de tus amigas, vete -dijo abriendo de nuevo las ventanas.
Eryo permaneció en su sitio, observándola sin pronunciar palabra. Parecía estar esperando que continuase hablando.
Aracne apenas pudo resistir la presión durante unos segundos que se le antojaron interminables.
- No tengo dinero, y sin embargo sí una familia que espera de mí algo mejor que entregarme a un ser sin corazón como tú...
Eryo sopesó sus palabras mientras cambiaba el peso de una pierna a otra.
- Yo podría enseñarte cosas...
Aracne alzó una ceja.
- Sí, puedo hacerme una idea del tipo de cosas que tienes que ofrecer.
- No soy un criminal, no fuerzo a nadie. Vine a proponerte mi oferta, pero veo que el orgullo puede más que todo el calor que guardas entre las piernas -rió entre dientes buceando en sus ojos-. Buenas noches.
Aracne abofeteó con fuerza la mejilla del pastor de lobos. Antes de que pudiese desaparecer el cosquilleo que le recorría toda la palma de la mano, Eryo había desaparecido, de la misma forma en la que había llegado, dejando en el aire suspendido su aroma a hierbabuena y lluvia, y su sonrisa altiva gravada en sus pupilas.


domingo, 5 de abril de 2009

Under the same s u n (s)




Se saltó el desayuno para sentir cuanto antes el viento del verano anunciándose en la calle y las piedras destilando lluvia.
Sentía aún aquel mareo en la lengua que la hace vibrar horas después de un beso, y las farolas se apagaron todas a una, como en una muda sinfonía de luces.
Hubiese faltado un estanque oscuro para hacerlas bailar, pero el olor a café, cruasanes y mermelada descendiendo de los edificios colindantes disimuló bien la carencia.
Mientras descendía por la cuesta asfaltada, pegando pequeños saltos para no tropezar con sus cordones desatados, se preguntó por qué anochecía de un color diferente al del amanecer; y la idea de dos soles, como hermanos gemelos, de uno beato y el otro proscrito, le hizo esbozar una leve sonrisa.

Pensó que las personas como él aún seguirían durmiendo... y entonces ella podría contarle, al despertar, su descubrimiento estelar.


:y a pesar de todo que difícil es...::

martes, 10 de marzo de 2009

Wolfs.




Al pastor de lobos le gusta que la luna no esté llena del todo, y el azul oscuro del cielo; le gusta la poesía arítmica de los niños, y el pelo nudoso de las ovejas, la tierra humeda y la hierba seca.
Le gustan los campos de trigo y las jovencitas que bailan en la plaza del pueblo, ajenas, la mitad de ellas, al echo de que esa noche serán devoradas.

El pastor de lobos tiene los ojos oscuros, las manos cálidas, grandes; el pelo revuelto y la nariz recta.

El pastor de lobos ha salido temprano esta mañana; algo en el viento que viene del este le dice que esa noche la tierra se empapará de sangre, y cuando eso ocurre los primeros culpables siempre son los depredadores: los lobos.

lunes, 16 de febrero de 2009

Caress

Acarició su pelo. Le hubiese gustado que fuera más largo, para poder llegar hasta su cintura, y seguir, con ese cosquilleante sonido que producen los dedos al deslizarse por la piel, hasta la curva de su espalda.
Quería aprenderse sus límites y líneas de memoria, por su algún día (la) perdía (la) vista. Para recordar su sonrisa en braile y saber cómo escribir la piel de gallina del hombro al muslo, sin olvidarse jamás de rodear, de abrazar, de besar el ombligo.


"Junto a la fuente en la que un día juré que jamás querría tanto a una mujer..."


Y o u r l i p s c a r e s s m y s k i n
. . .
I t ' s m o r e t h a n I c a n s t a n d

sábado, 7 de febrero de 2009

r e l a t i v e c o l d













...Ven aquí, que estás desnuda y te vas a enfriar.

lunes, 5 de enero de 2009

Now we are free




Recuerdas cuando todo era más difícil, y un abrazo valía lo que hoy cien besos?


Políglota de sentimientos, del pensamiento y de la palabra.
Políglota de sabores y pestañeos.
Esta canción que teniendo letra, no dice nada.
- ¿Y cómo acaba la película?
- Al final pierden los dos.

..Now we are fee..

sábado, 6 de diciembre de 2008

Distance

- Dime, ¿qué es la distancia?
Él se recostó sobre su sillón, simulando adoptar una postura más cómoda; yo sabía que sólo buscaba tiempo para hallar una respuesta que me satisfagese.
Allí, perdidos en mitad del bosque, en sendos sillones de tela vieja, roja, el frío silenció mis dudas y heló sus pies.
Veíamos pasar el tren. Rápido, con prisas.
Y me cogió de la mano para calentar el color de mis ojos, y probar si así se definía, pudiendo darle un significado, y sólo uno.
- No me has respodido.
- No.
Resoplando me levanté de mi sillón abandonado y me desasí de él.
- Me voy, perderé el tren.
Apurando el cigarrillo, antes de que éste se consumiera de forma autónoma, entre sus dedos -los de la mano libre- me siguió, caminando por las vías del tren hasta donde yo tenía pensado marcharme lejos, muy muy lejos, y volver, mañana.
Todo porque podía irme más allá de lo que él era capaz de sentirme, pero no era capaz de estar mucho tiempo allí. Y se me deshacían los planes de futuro cuando me recordaba que me quería, abusando de una norma que él mismo creó, sólo dios sabe por qué.
Inspiré fuerte, quería imitarle, ser como él, mentir tan bien que todo el mundo descubriese la farsa. No sentir que, como siempre, con los viajes en tren, se me encogía el corazón.

expiraste el humo de "El último"; y éste escapó de tu boca en forma de dragón.
Típico de ti.
El uno frente al otro, muertos de frío, los dos -pero yo más-, nos vimos reflejados en el otro.
- Adiós -dijiste, alejándote un paso, como si eso te fuese a ayudar. Como si me fuera a ayudar a mí.
- Hasta mañana.
Y ésa era de las promesas que no se rompen.


*
Abrió el reproductor, poniendo en marcha la lista de la banda sonora de "300".
Ésa película le recordaba a él.
Mejor dicho, el color dorado, la luz de espigas y la música de domingo le recordaba a él.
Porque estaba hecho de anocheceres de domingos y canciones intoxicadas.


"Cuándo fue la última vez que un simple de ja vu me llevó hasta tus brazos?
Cuándo, cuándo fue la última vez que te quisieron tanto?"

martes, 18 de noviembre de 2008

Close your eyes



Cierra los ojos.
El calor, el aliento, la voz.

Cierra los ojos.

Cogiste mi rostro entre tus manos y me diste un poco de tu calor. Me prestaste el sabor de tus labios, dejando tibias las almohadas; rompiendo con tu fuego la escacha de mis pestañas.
Y me has enseñado a hacer que los días salten y den volteretas hasta lograr que se abracen los treses y los ochos.

Y, cuando ya no me queda nada más que decir, apareces tú para robarme las palabras.

Te pones la chaqueta, te calzas los zapatos y te despides tres veces. Te marchas una y te quedas dos. E intentas enseñarme sabiendo que a mi edad ya no se aprende a jugar limpio, sabiendo que si hago trampas, es por ganar, y no por la partida.

Todo sabe a calor, porque voy a ir sacando las luces de navidad, para alumbrar mi cama por las noches.
Y así poder jugar a encontrarte entre las sombras de mi almohada y la pared.

Y así tener alguien con quien hablar cuando te hayas ido a matar princesas y besar dragones que se conviertan en estrellas titilantes en el cielo.

Y así tener alguien a quien contarle que, cuando hace tanto frío que no tengo aliento, sonrío.

...Y mientras, la nieve, se derrite de envidia en mi ventana, porque tú estás dentro y, por primera vez, ella fuera...

Regla número XI
"Puedes saber cómo es una persona dependiendo del sabor de radical que beba"

jueves, 6 de noviembre de 2008

5 y medio

Comienza a sonar la música y el frío destila por las rendijas de mi añorado suelo de madera vieja.
Abro la puerta del armario al golpe de las teclas de un piano.
Y descuelgo de su percha una de tus sonrisas, tres o cuatro tallas más grandes.
Me enfundo en ella hasta que la habitación queda sumergida bajo esa luz cálidad de algunos domingos de otoño por la tarde.
Aspiro tu aroma desde dentro y siento la otra mitad de la cama aún tibia, esperándote.
Comienza a llover.
El piano ha dejado de sonar.
Porque no quiero escuchar nada que no sea tu respiración.

Es jueves, y yo, con mi capa de lana blanca y el pelo alborotado, los declaro los nuevos domingos.


- Hagamos lo siguiente: yo llegaré como si te hubiese encontrado de casualidad, y tú me susurraras una vez más lo mucho que llevabas esperándome. ¿Preparado?
- Llevo toda la vida preparado.
- Genial. Corten!

miércoles, 5 de noviembre de 2008

あのたいせつな人...

Lo siento, enano, sabes que nunca me retracto de mis palabras, pero te dediqué una canción que nunca apreciaste. Y la bailé sola en aquel bar.
La reclamo de nuevo, para dársela a quien si la aprecia.
A ti te he dado ya demasiado.
De hecho te lo di (casi) todo.
Un beso.


Yo me quedo con el 5, que siempre fue mi número :) después del 3, claro.
*déjame, solo por ser la primera vez*

domingo, 2 de noviembre de 2008

303




Barcelona,
vista desde mi ventana;
desde tu espalda.
Se despide de mí.
Barcelona, preciosa y horrenda,
silenciosa y ruidosa.
Sonora.

Nuestra original sound track
son respiraciones entrecortadas,
son tres roces de sábanas
y cigarrillos consumiéndose.
Es la lluvia callendo por lanoche,
furiosa.

Y ya te echo de menos,
mientras cierro mi maleta
empieza a llover en horizontal.
Me asomo; no estás.
Y las mantas van enfriándose
aunque siga haciendo calor.
Todo me recuerda a ti.

Barcelona.
Te dejo mi alma en el cajón
de "nuestra" habitación:
la del número mágico.
El número mágico.

Dímelo otra vez,
que yo tampoco me lo creo.
Eso de que queda prohibido llorar,
eso de que estoy despierta, estamos.

Porque yo tampoco me quiero ilusionar,
que la esperanza sobrevive a la amenaza nuclear.
Pero, pequeño, yo soy torpe;
no me des felicidad que quebrar,
que la rompo. Se me rompe.

No quiero irme de Barcelona,
abandonar esta ciudad.
No quiero.

Va a ser un viaje largo.
Voy a pensar en ti.


Temblando entre las sábanas;
no quiero abrazar ninguna almohada que no lleve tu olor.
Voy a pensar en ti.


Norma número VII
"Debes y puedes hacer todo lo que quieras, y cumplir sólo las normas que quieras"

- Esto ya lo hablamos.
- Todo es discutible.